Salto
Jinete
Última actualización 29/04/2009@10:44:57 GMT+1
El jinete jerezano pertenece a un saga de grandes jinetes. Nació rodeado de caballos, por lo que su futuro estaba en cierta medida escrito. Hoy, Boby, como así se le conoce, es un consolidado deportista y mejor profesor de Salto.
Texto: Lucía CARRALÓN
Fotos: Alberto NEVADO
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La perseverancia y la dedicación son algunas de las cualidades de este gran deportista, que tras años de trabajo se ha ido haciendo un hueco en el más alto nivel hípico. Ha destacado a lo largo de su vida deportiva en grandes premios internacionales de máxima categoría, como Copa de Naciones o Juegos Ecuestres, dejando siempre a España en muy buena posición.
Jacobo Maldonado, Boby para familiares y amigos, es reconocido por su excelente habilidad con los caballos. Así se ha ido posicionando entre los mejores del palmarés español. Lo que empezó hace años como una afición familiar, ha dado como resultado un jinete de los buenos, que se preocupa por sus caballos y que sabe cómo y cuándo debe exigir el trabajo a sus ejemplares para sacar lo mejor de ellos.
Tradición familiar
Desde que era pequeño, Boby había mantenido una gran cercanía con los caballos y el mundo que les rodea, pues su familia tenía una cuadra en Jerez de la Frontera. No era de extrañar que su padre, hermanos y primos montaran desde años atrás. Él también se aficionó, pero no en serio; de vez en cuando montaba en poni y daba un paseo, pero no le llamaba la atención entrenar y montar a caballo de manera seria. Todo cambió cuando su padre, el gran maestro Alejandro Maldonado Gordon, organizó un concurso en su casa. Boby tenía entonces once años y tras el concurso comenzó a sentir el gusanillo de la equitación alimentado por la profunda afición de su familia. Así que decidió montar a caballo. Es entonces cuando comienza su andadura por la hípica. Cinco años después, su familia traslada su afición al Puerto de Santa María, ciudad gaditana donde se encuentra el Club de Vistahermosa. Allí pasa unos años perfeccionando su monta junto a su familia y algunos profesores que acuden de vez en cuando para impartirles clases.
De Jerez al mundo
En el año marcado por la peste equina en España, 1989, Boby decidió continuar su camino en Palma de Mallorca, pues un amigo americano le ofrece trasladarse a la isla para así ayudarle con sus caballos. Al poco tiempo, la oportunidad que marca su definitiva trayectoria como jinete llama a su puerta y se traslada a Estados Unidos, donde aprende y donde trabaja a fondo durante dos años. Tras un año en Holanda, decidió volver a España, momento en que Benito Conde le ofreció un trabajo en la Yeguada Aragón, oportunidad que no dejó pasar. Durante dos años permaneció en la yeguada llevando a la práctica todo lo que aprendió fuera de nuestras fronteras, pero el sur es fuerte y Boby decidió volver a su tierra a pasar un año descansando, montando uno o dos caballos.
Esta etapa de tranquilidad acabó cuando comenzó a trabajar en el Cortijo de Guerra (Puerto Real) donde con el paso del tiempo fue teniendo más caballos a su cargo. A los ocho meses, con ocho caballos en entrenamiento, empezó a colaborar en los cursos de Concurso Completo. Lo que planteó como un año de descanso sterminó siendo un año de trabajo, pues al parecer la hípica no le quiso dejar unos meses de descanso... Tras su paso por el Cortijo de Guerra, Teresa Blázquez le ofreció trabajo en la capital española para trabajar con ella. De este modo, durante un tiempo estuvo a caballo, y nunca mejor dicho, entre Madrid y Montenmedio.
La independencia
Pasaron los años y nuestro protagonista decidió independizarse. En esta etapa, Boby conoció a la que iba a ser su mujer, y decide establecer su vida en Madrid. En la actualidad, Boby es socio de Iván Rodrigañez, y tiene sus caballos en su finca. Ya lleva unos tres años en la misma, y con el paso del tiempo, ha ido convirtiendo lo que eran unas instalaciones básicas en una completa infraestructura para el entrenamiento de caballos con un encantador toque rústico.
Comienza una nueva jornada de trabajo y el equipo de Trofeo Caballo se traslada a la finca de Pinto en la que Boby desarrolla parte de su trabajo diario. Cuando llegamos, el jinete ya ha comenzado su jornada; de hecho le encontramos sobre uno de los caballos que entrena.
El jinete andaluz comparte el trabajo en la finca con sus caballos de competición estabulados en el Club de Somosaguas, donde lleva varios años impartiendo clases. Las clases le esperan por la tarde, por lo que dedica la mañana a entrenar.
Últimamente, el jinete está intentando dedicarse más a su trabajo como entrenador de caballos que como profesor, aunque no deja de lado esta última actividad. Nos comenta mientras calienta que intenta dar “menos clases porque tengo un grupo de caballos muy bueno que no he tenido nunca para competir, y requiere más tiempo y disponibilidad para ir de competición”.
En este punto, no pudimos evitar preguntarle por su primer concurso. Al parecer, el jinete no tuvo mucha suerte en su primera experiencia en una competición de Salto. También es cierto que no debutó en un concurso social, sino que directamente fue a un Campeonato de Andalucía en Chapín, con una yegua que se llamaba ‘Gitana’. Recuerda esta experiencia con una sonrisa en la cara: “creo que no pasé ningún día del cuarto salto, me parece, me eliminaron todos los días, pues me sujetaba en el caballo de milagro, y era un Campeonato de Andalucía, de infantiles o juveniles… Allí me metieron directamente”.
Después de esta experiencia, que aunque no fuera muy agradable en su momento ahora sabe verla de otro modo, prefirió hacer Completo, pues en esa época era una disciplina incluso más practicada que el Salto de Obstáculos en el sur de España.
Respecto al Completo, Boby dice que es una disciplina “muy dura, son muchas horas con el mismo caballo. Es una disciplina que no se ha desarrollado mucho en España, no como el Salto, que ha tenido más desarrollo. También he de decir que con el Salto he conseguido cosas que a lo mejor con el Completo no hubiera conseguido. Aunque igual sí, nunca se sabe”.