Hemeroteca :: 01/05/2009
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Opinión/Editorial
Última actualización 28/04/2009@14:09:53 GMT+1
Hace ya unos años que la revolucionaria técnica de adiestrar mediante el manejo natural del caballo llegó a nuestro país y, la verdad, aún se tiene una idea superficial y a veces simplista del uso de esta herramienta, sobre todo, en focos geográficos en los que la tradición pesa tanto que ciega la mente. El manejo natural del caballo, o doma natural, saltó a la fama tras la publicación del libro y de la película del mismo nombre protagonizada por Robert Redford, El hombre que susurraba a los caballos. Sin embargo, esta herramienta es vieja conocida para muchos pueblos del orbe que se relacionan de una manera más humana con el caballo, milenario compañero de batallas del hombre. No siempre la tradición es capaz de darle la mano al avance de una manera tan eficaz, clara y recomendable como esta. Las clásicas técnicas de desbrave, doma y entrenamiento asentadas en nuestro país y, claro está, en Europa, demuestran una afinidad asombrosa hacia las nuevas tendencias de relacionarse con el caballo desde que este ve la luz del mundo. Y ya que esto es así, lo mejor es que todos y cada uno de los que integramos la familia ecuestre en España promovamos la comunión de lo antiguo con lo nuevo, o de lo nuestro con lo de otros. La serreta es capaz de admitir la caricia y viceversa, siempre y cuando se parta de un respeto férreo hacia el animal. Debemos ver a nuestro caballo como un compañero de trabajo que nos facilita aquellas tareas que a nosotros nos costarían horas y esfuerzo desarrollar (recorrer andando una finca para ver su estado, correr detrás de los becerros, recoger a pie las yeguas sueltas en el campo...), y no como un ser al que sometemos para creernos más hombres.

En España puede haber cientos de caballos que encierran traumas “infantiles” que sus dueños obvian, bien por desconocimiento o bien por “falta de conocimiento”. Si se me permite, yo misma tengo un caballo cruzado (Cebada Gago) desde hace cinco años que está absolutamente traumatizado. La fusta, los ruidos y los gritos son sus peores enemigos. La paciencia, la caricia y el respeto me abrieron las puertas de su corazón, y no hay otro secreto. La expresión “es que tiene mucha clase” hay veces que no sirve de excusa. Lo normal es que, además de clase, el caballo tenga problemas de comunicación con su jinete.

En el artículo que esta revista desarrolla en el interior del número que ahora tiene el lector en sus manos, el gran Chico Ramírez analiza, profundiza y ofrece las claves para mejorar la relación con nuestro caballo a través del manejo natural, mejorando así el estado de ánimo del caballo y, por ende, el del jinete. Hagan caso a quienes llevan, igual que nosotros, décadas practicando una tradición que puede y debe convivir en paz con la nuestra.
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