Hemeroteca :: 01/03/2009
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Raid y Trec
Última actualización 24/02/2009@11:43:18 GMT+1
La infinita afición al caballo, a la disciplina de Raid y a la naturaleza mantiene vivos a estos dos auténticos personajes del panorama hípico español. Ambos dejaron sus vidas profesionales para entregarse al caballo, esa droga que engancha para siempre

Texto: Pedro MADERA
Otto Vélez
La resistencia hecha persona
Otto Vélez es, ante todo, un clásico. Resulta difícil imaginarse las pruebas de Raid sin sus caballos y sin su equipo. Su casa siempre ha sido un continuo ir y venir de caballos, de pruebas y de entrenamientos… Por eso, resulta aún más asombroso ver cómo a pesar de sus 71 años sigue entrenando cada día y dinamizando la organización de toda clase de pruebas.

Con ese hablar calmado que le caracteriza, los primeros años de su vida transcurrieron entre colegios y la universidad para doctorarse en Derecho y Ciencias Políticas, vinculándose posteriormente al Comercio y al Derecho Internacional. Su vida estuvo entregada al mundo jurídico hasta los 45 años, momento en el que pasó a dedicarse al mundo inmobiliario.

En palabras del protagonista, la suya fue “una juventud francamente desperdiciada. De todo aquello he adquirido una cultura, que es lo único que nos queda después de haberlo olvidado todo. A los ocho años compré mi primer caballo y a los once hice un año sabático para ir a trabajar días enteros entre caballos y ganado vacuno en una finca de mi padre en Colombia”.


Pepe Torres
Un boticario con alma de ganadero

Los amigos de Pepe Torres saben que nació en Nogales, un pueblo de Badajoz, en junio de 1940. Era el mayor de seis hermanos, siendo él el único varón. Desde los once años estuvo interno en el colegio San José de los Jesuitas, en Villafranca de los Barros. Una vez finalizada esta etapa, se matriculó en la Facultad de Farmacia de Barcelona, donde cursó sus estudios para terminar la carrera en Santiago de Compostela. Terminada la carrera volvió a Badajoz, donde abrió una farmacia. Conoció a Inmaculada Villalón, su mujer desde entonces y con la que ha tenido cuatro hijos.

Su hijo Pedro nos recuerda con gracia cómo a su padre nunca le gustó ejercer de boticario, pues el campo siempre le llamó mucho más la atención que los medicamentos. Su mujer se encargó de la farmacia, mientras él se hacía cargo de la gestión de las fincas de sus padres. Es aquí cuando empiezó a dedicarse a las tareas agrarias y ganaderas, a gestionar las fincas y el ganado que sus padres tenían. Para realizar estas labores, el caballo se convirtió en una herramienta esencial, y ahí es donde nació y se afianzó la relación que Pepe Torres y el caballo mantienen hasta el día de hoy.
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