Hemeroteca :: 01/03/2009
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Opinión/Editorial
Última actualización 24/02/2009@11:12:39 GMT+1
La Monta Western cuenta en la actualidad con el respeto de la afición y de las instituciones hípicas de este país, a tenor de las cifras de aficionados, de criadores, de monitores y de deportistas que mueven esta modalidad hípica importada de Estados Unidos en España desde hace unos años, no muchos.

El caso es que la disciplina, que concentra su afición en Cataluña y el Levante español, principalmente, cuenta ya con un Campeonato de España aprobado y reconocido por la Real Federación Hípica Española, lo que da una idea del respaldo ganadero y deportivo que avala a la llamativa disciplia vaquera. El punto de partida del Western en España hay que buscarlo varios años atrás, pero no cabe duda que la celebración en España, concretamente en Jerez en el año 2002, del Campeonato del Mundo de Reining, la última de las modalidades hípicas aprobada y recogida por la Federación Ecuestre internacional, supuso un antes y un después en la salud de la versión española de esta modalidad ecuestre, que por otro lado cuenta con una enorme y variada familia mundial.

Así pues, desde la cita de Jerez, la cría por el caballo del oeste (Appalosa, Pinto o Quarter Horse, entre otros) no ha hecho más que afianzarse en un país que cuenta con una antiquísima tradición a la Doma Vaquera, la disciplina homóloga al Western, que nació en el Lejano Oeste como ayuda en el manejo del ganado vacuno. Intimidada y todo por la que es una de las disciplinas más respetadas y practicadas en nuetsro país, la Vaquera, el Western ha logrado hacerse un importante hueco en aquellas regiones en la que la Doma Vaquera tiene menos tirón popular y deportivo. Además, la práctica de esta nueva modalidad ecuestre requiere la monta de un caballo concreto que, por otra parte, sirve y mucho para cruzar ejemplares aptos para la Doma Vaquera.

En síntesis, desde esta revista, que recupera a partir de este mes de marzo la extinta sección de Western, apoyamos una convivencia pacífica y duradera de ambas disciplinas vaqueras, la española y la americana, como viene siendo hasta el momento. Es muy probable que ambas se aporten mutuamente elementos positivos y útiles en un futuro no muy lejano, por lo que las críticas destructivas, los celos o la ausencia de respeto están de sobra en la familia ecuestre española, que debe mantenerse unida y firme. Bienvenido sea, por tanto, esta nueva disciplina y desde aquí deseamos mucha salud para que tenga una vida larga en el calendario deportivo de la Federación Hípica Española.
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