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Ejemplares de leyenda
Última actualización 27/11/2008@15:02:54 GMT+1
Hija de un cruce mágico (‘Rhefissimo’ y ‘Takala’), la gran yegua (made in Spain) fue el orgullo de toda una generación de aficionados. Una estrategia poco diseñada hizo que la yegua no diera más de sí; pero, aun así, ‘Teresa’ permanecerá siempre en los libros de historia
Texto: Ignacio GUTIÉRREZ
Fotos: José Antonio Rodríguez y Félix Vela
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En 1983 se empezó a gestar esta gran yegua, ya que la Cuadra Rosales decidió utilizar una de sus dos cubriciones anuales del mejor semental de España de la época, ‘Rhefissimo’, con una de las grandes campeonas de sus establos, ‘Takala’, curiosamente, ambos progenitores habían ganado el Gran Premio de Madrid.
El 24 de marzo de 1984 ‘Takala’ trajo al mundo a una potra vivaracha que desde sus primeros galopitos en el prado empezó a destacar por encima de los otros doce neonatos de la cuadra.
El nombre de ‘Teresa’ fue en honor a una sobrina de la propietaria, Marita Villalonga. En un pedigrí cargado de fondo y con una gran predisposición para los largos metrajes, se combinaron muy bien las sangres y, pese a su gran fondo, heredó un una gran punta de velocidad y cambio de ritmo de su abuelo materno, quien ganó sus mejores carreras en velocidad, como el resto de la familia.
Superioridad precoz
Su superioridad en la generación precoz se hizo patente con cada una de sus carreras, las cuales ganaba de forma holgada. En todas ellas salía mal de los cajones y muy ardiente, por lo que su jockey, el gran maestro Claudio Carudel, tenía que retenerla en los primeros metros de la salida para que la yegua se pudiese relajar durante el recorrido, para más tarde ir a rematar por el centro de la pista y pasar a sus rivales con insultante superioridad, incluso ante los machos de la generación, a los que también batió sin recibir ni siquiera un fustazo.
Un resultado: la victoria
Durante los inviernos de sus tres años pareció sufrir unas dolencias que retrasaron su reaparición en la competición, pero pudo correr las grandes citas, y lo hizo como era su costumbre: ganando con pasmosa facilidad sus cuatro salidas en España en el año. Quedó claro que, a pesar de enfrentarse a rivales de entidad, la yegua ‘Teresa’ era algo excepcional, por lo que había que probar la aventura extranjera, como ya ocurriera con su padre, ‘Rheffissimo’, que salió al extranjero para demostrar su valía para orgullo de los aficionados españoles.
Sus dos últimas carreras del año fueron dos de las citas más importante de Francia: el Prix Vermeille y el Prix Arco del Triunfo. La yegua se instaló en Chantilly bajo los cuidados del primer mozo de la cuadra. Viajó acompañada de un caballo de galopes para que la ayudara en sus entrenamientos, y tanto el veterinario como el entrenador viajaban todas las semanas para comprobar su estado.
En Francia, su jockey habitual no hizo una de sus mejores carreras, pues dejó de ser fiel al estilo de correr de ‘Teresa’. Intentó un remate por el interior poco fructífero, dada la mala monta. Se decidió cambiar de jockey y fue el australiano Gary Moore quien la montó en su mayor reto: craso error. En esta ocasión se podría recurrir al dicho de “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”, pues el jockey no estuvo en gracias y, al no atender a las órdenes del entrenador, la yegua entró en la séptima posición de los once participantes. Fue una muy honrosa carrera, pero quedó un sabor agridulce en aquellos españoles que viajaron hasta Paris para apostar por la reina de nuestras pistas, que tuvo que ser reenganchada en la carrera con el coste de unos cinco millones de pesetas de la época.
El cambio de manos
Debido a la Peste Equina que azotó nuestro país, ‘Teresa’ se quedó en Francia para entrenar y competir bajo la tutela de la entrenadora Criquette Head, que le programó una temporada más relajada en buenas carreras de nivel, obteniendo óptimas colocaciones. Sorprendieron las declaraciones de Claudio Carudel, su jockey habitual, cuando la yegua pudo volver a entrar en España. El jinete reconoció que ‘Teresa’ había acusado “el cambio de manos, ya que en Francia había estado en una cuadra con 150 ejemplares y allí era una más, mientras que en España la cuadra se desvivía en cuidados y atenciones para ella”. A su vuelta a Madrid volvió a ganar, pero no con su estilo habitual. Mostró su disconformidad durante todo el recorrido y aun así ganó, pero en su última salida a pista entró sexta y a toda la afición española le quedó la sensación de que la yegua ya no era la misma, pues aunque fue batida por ejemplares históricos de nuestro turf, ella los habría batido si hubiera estado al cien por cien, no solo físicamente sino mentalmente.