Opinión/Editorial
Última actualización 01/10/2008@16:25:00 GMT+1
El olimpismo hípico español ha sido duramente castigado este pasado verano, tanto en la arena deportiva como en la arena mediática. En el primer terreno, la afición española recibió como un jarro de agua fría la noticia de la desafortunada lesión del caballo ‘Fabergé’, el extravagante hannoveriano propiedad de la catalana Beatriz Ferrer-Salat. El caballo, que llegó a Pekín sin el nivel necesario para una cita de semejante envergadura, no pudo si quiera presentarse al examen veterinario reglamentario antes de salir a competir, dada su evidente cojera. La Real Federación Hípica Española apostó por el implacable binomio catalán como capitán del combinado nacional en Hong Kong, subsede de Pekín 2008, una decisión que a nadie debe parecer equivocada si se tiene en cuenta el brillantísimo currículo de la amazona. Es verdad que el caballo aún no se había dado baños de gloria cuando embarcó en el avión que le llevaba a Asia, pero los técnicos federativos (Jean Bemelmans y Bobby Fernández de Bobadilla) no lo dudaron, sobre todo si se tiene en cuenta que España solo podía aspirar a diploma olímpico en esta cita olímpica de China. ¿Por qué se dejó a Juan Matute en casa, flamante campeón de España de la disciplina? Bien, esta es una pregunta que se ha planteado buena parte de la afición, pero esta revista insiste desde estas líneas en que la Federación intentó jugar sus mejores cartas para la partida olímpica de China... Y salió mal. Así las cosas, en lo deportivo no queda más que felicitar a Juan Manuel Muñoz, al PRE ‘Fuego XII’ y al sevillano ganadero Manuel Cárdenas, propietario del caballo tordo, por el flamante décimo quinto lugar en la final olímpica de Doma.
La noticia de la baja de la amazona catalana saltó rápidamente a los medios de comunicación de masas, que se han cebado con el fatal acontecimiento, con la amazona catalana y con la Federación Española. Desde distintas cabeceras se da por hecho que el caballo viajó cojo a Hong Kong, lo que para esta revista significa un desproporcionado comentario que deja en un dudoso lugar a Beatriz Ferrer-Salat, la propietaria del caballo, quien jamás consentiría someter a su preciada joya a semejante palizón. Por tanto, usando el sentido común, muchas veces el menos común de los sentidos, es inapropiado publicar semejante afirmación, por mucho dinero que la amazona catalana se pueda embolsar con su beca ADO. Es cierto que la Real Federación Hípica Española salió mal parada de semejante atolladero, un lío en el que se metió ella solita al desmentir primero para reconocer posteriormente lo que para la hípica era un secreto a voces: la baja de ‘Fabergé’. Pero, en cualquier caso, la poca claridad en la que se escudó la Federación no es motivo para dar por hecho que un caballo de élite se somete enfermo a un viaje de miles de kilómetros, con el estrés que esto supone para cualquier animal.
La Federación tendrá que revisar sus modos, no es para menos después de cómo hemos quedado ante la audiencia, pero lo que resulta absolutamente injusto es la pésima campaña que se le ha intentado hacer a Beatriz Ferrer-Salat, una enamorada de los animales que goza de una sensibilidad exquisita, con y sin el caballo bajo su montura.