Opinión/Editorial
Última actualización 27/05/2008@15:02:59 GMT+1
El Pura Sangre Inglés es la obra maestra de la naturaleza. Una obra de ingeniería natural creada con un fin clarísimo cuyo diseño morfológico y genético está muy alejado de las mejores creaciones industriales humanas. El PSI es un animal que se cría principalmente para correr, alcanzando una punta de velocidad de más de sesenta kilómetros por hora, convirtiéndose a la postre en uno de los animales más veloces de la tierra, con permiso del guepardo (noventa kilómetros por hora) y algún otro.
Tradicionalmente, alrededor de los caballos de carreras se ha creado un halo de popularidad, forjado sobre todo en la primera mitad del siglo XX en países como Estados Unidos, Inglaterra o Francia, que le ha llevado a convertirse en la raza más admirada y conocida por un mayor número de personas ajenas al mundo ecuestre. ¿Quién no conoce a un purasangre de carreras? Estos atletas, cuya musculatura es una desarrolladísima estructura, han llevado hasta la gloria a grandes criadores, propietarios, entrenadores y jockeys a la misma velocidad que se come una milla.
Si hay que buscarle algún pero a esta raza, perdón, siendo justos con su historia hay que decir sangre, pues los puristas no la consideran una raza, yo apuntaría las siguientes. En primer lugar, y al igual que le ocurre a sus rivales felinos, su consumo de energía es altísimo, pues no piense el lector que el purasangre se puede mantener en velocidad máxima durante kilómetros. Normalmente, estos ejemplares se miden entre mil y cuatro mil metros de distancia. Pero vamos, que esto parece comprensible, o qué dicen quienes tienen un Ferrari... En segundo lugar, el PSI es un animal altamente sensible, lo que le hace tener un carácter muy particular que en la mayoría de los casos le ha valido la imagen de antipático. No, no lo es; sólo es un ser superior al resto de su especie. La boca, el dorso, las extremidades, el cuello... En cada poro de su piel hay más sensibilidad que en cualquier otro caballo y esto requiere un tipo de jinete muy particular. El PSI necesita paciencia, estrategia, cariño, y un contexto que le aporte paz y tranquilidad, no hay que olvidar que están sometidos a un estrés altísimo en plena carrera. Es decir, antes de castigar lo que el jinete cree que es un mal comportamiento en la pista o en la cuadra hay que tranquilizarse, pasear en solitario o desahogarse con la pared o con un saco de boxeo. No descargue contra un purasangre, perderá seguro. Él sólo quiere gestos y un trato delicado, suavidad.
Y en tercer lugar, y muy relacionado con el punto anterior, hay que apuntar su dificultad para adaptarse a vivir en libertad. El PSI es un animal que requiere un aporte alimentario extraordinario, dado que su complejo engranaje necesita mucha más energía que el resto de razas, que normalmente se sacian con menor aporte energético. Además, soporta con menor tolerancia el ataque de los insectos, dada su finísima y delicada piel.
Así pues, desde estas líneas animamos a la gran familia que somos a desmitificar la mala fama del PSI y a ofrecerle la oportunidad de realizarse en otras disciplinas ecuestres, pues en honor a la verdad han sido malos jinetes y no malos caballos quienes han escrito esta página negra del caballo de carreras.