Hemeroteca :: 01/05/2008
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Ganaderías
Última actualización 30/04/2008@14:48:58 GMT+1
En Segovia se crían los caballos de capa perla más bellos del panorama ibérico. El resultado de la Yeguada La Perla, de Alberto Herranz, ha sido una tarea dura, pues además de la capa hubo que buscar la funcionalidad. Hoy, sus caballos tienen lista de espera de compradores

Texto y fotos: Katharina BRAREN
Alberto Herranz es una ganadero de Pura Sangre Lusitano y seguramente uno de los pocos en España, junto con Miguel Ángel de Cárdenas, que tiene un auténtico puesto en el mercado más allá de los mares; desde el otro lado del mundo acuden a su finca en Segovia para comprar sus “perlas” bayas y albinas como si del más famoso joyero de las estrellas se tratara.

Y es que no es para menos, sus ejemplares son realmente bellísimos. Hay que tener en cuenta que la cría de bayos hasta ahora no estaba pensada para la Doma Clásica, sino más bien para el ocio, para la satisfacción de disfrutar de sus capas de oro y plata, y de su compañía tan dócil como la de una mascota.

Lista de espera
Para comprar animales de Alberto Herranz hay lista de espera, como si se tratara de uno de los más exclusivos y caros coches hechos a mano. Los clientes esperan a que les llegue el turno. Las cifras a las que se venden estos animales son altas y esto hace que el ganadero se reserve aún más para un determinado cliente. La demanda no para de crecer.

Esta yeguada es un reflejo de lo que los clientes y aficionados al mundo del caballo realmente quieren y esperan de él. Comparado con el animal destinado al deporte de la Doma Clasica por ejemplo, con sus cientos de normas y reglamentos, los caballos bayos son quizá de los pocos que parecen elegir por ellos mismos quiénes serán sus propietarios.

Entre ellos no hay muchas normas, tan sólo la belleza en su estado puro y en el caso de Alberto Herranz, la búsqueda a partir de ella de cierta funcionalidad básica en los tres aires. Es decir, que sean animales que tengan paso, trote y galope, algo que puede parecer elemental, que lo es, pero que incluso en el ámbito del deporte es posible no encontrar. Para criar este tipo de caballos hace falta mucha afición, un gusto desmedido por contemplar a estos animales en libertad, corriendo por el campo, como fue desde niño el caso de Alberto, que los miraba y soñaba con el día en el que pudiera tener los suyos propios reunidos en una ganadería que llevara su nombre: La Perla.
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