Hemeroteca :: 01/05/2008
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Entrevista
Última actualización 30/04/2008@14:49:15 GMT+1
Cercano, simpático, sencillo y natural. Así se comporta el jinete sevillano con el humano y con el caballo. Es su consigna. Ser el mismo sobre la montura que a pie. Pasar un día de trabajo en su cuadra es una buena lección de equitación
1974. Luis Astolfi Pérez de Guzmán tiene catorce años, es el cuarto de catorce hermanos, y el padre ha decidido que su prole emplee el tiempo libre en el deporte en un club social llamado Pineda, en Sevilla, donde residen. Entre una amplia oferta deportiva, Luis se ha sentido atraído por la hípica, puede que por la afición que ya sentía su padre por este animal o puede que por cualquier otro motivo. Lo que sí es seguro es que acertó.

2008. Han pasado más de treinta desde entonces y aquella decisión del matrimonio Astolfi Pérez de Guzmán ha dado sus frutos: más de mil concursos, cuatro Juegos Olímpicos (Los Ángeles, 1984; Seúl, 1988; Barcelona, 1992; y Sidney, 2000) y una vitrina de trofeos imposible de limpiar. Luis Astolfi tiene ahora 48 años y cada mañana sigue haciendo lo mismo que el día que decidió “casarse” con el caballo. Trofeo Caballo ha acompañado al olímpico jinete en una jornada habitual de trabajo en el Club Pineda días antes de marcharse a correr la Ruta del Sol. A la sombra durante los últimos años, “había que buscar nuevas vías económicas como modo de vida”, Luis Astolfi ha vuelto con las mismas ganas de siempre. Así trabaja y así ve el panorama ecuestre el inigualable jinete sevillano.

Buenos días
Son las diez de la mañana de un sábado de febrero. El cielo dibuja nubes generosas, pero el caballo de deporte no entiende de fiestas ni de clima. Luis llega a su patio de cuadras de Pineda. Pantalón de sport, camisa blanca, jersey de lana, gabardina y zapatos de material. Mientras localiza a su mozo Teo a través del teléfono móvil da los buenos días a mozos, jinetes y amazonas que contribuyen a generar el ambiente hípico de las mañanas de sábado en su mismo club. Se dirige a las cuadras donde esperan pacientes y tranquilos sus seis caballos. Comprueba que los animales están bien, dispuestos a continuar con sus entrenamientos de deportistas de élite. Lo primero que observa son las caras. “La mirada dice mucho”. Luego, acaricia y entra, uno por uno, en cada box. Estiércol en orden, camas sin huella de posibles malestares de madrugada y ausencia de heridas o nuevos vicios.

Bien, a continuación, charla con Teo. Organiza la planificación del trabajo del día. “Comenzaré, como normalmente, por el que está menos musculado, el que necesita más ejercicio”, explica. Así, por la tarde queda tiempo para volverlo a montar. Mientras Teo va hacia el box de ‘Paladín’ para amarrarlo cerca del guadarnés de Luis, el jinete se cambia antes de que llegue su primer caballo. Sale medio minuto después del guadarnés para ensillar al alazán de quince años. Parece destartalado y algo flacucho, pero enseguida el sevillano le saca partido. Este es uno de los dos ejemplares que Luis tiene en propiedad compartida con una amiga inglesa. Mientras termina de cerrar los protectores y abrochar la cincha, da los buenos días su hermano Juan, que viene andando desde la pista de competición del Club Pineda, donde cada sábado se celebra un pequeño concurso social que sirve de entrenamiento para unos y de formación para otros. “¿Qué ha hecho el niño?”, pregunta Luis refiriéndose a su sobrino. Mientras hermano y sobrino le cuentan los pormenores de su recorrido, Marina, la hija pequeña de Luis, se entretiene preparando un caballo que demuestra grandes dotes de paciencia y confianza. Así, todo queda en familia, una palabra sagrada para Luis Astolfi.

Camino de la pista de trabajo saluda a otros jinetes y amigos del club. Luis es uno de los jinetes más queridos de Pineda. Su sencillez, cercanía, naturalidad, buen humor y sabiduría ecuestre son motivos suficientes para ganarse a cualquiera. Y así es Luis Astolfi.
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