Hemeroteca :: 01/04/2008
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Opinión/Editorial
Última actualización 21/04/2008@15:49:09 GMT+1
El pasado año 2001, el Comité Olímpico Internacional sorprendió al mundo eligiendo a la capital de la República Popular China (Pekín) como sede de los Juegos Olímpicos que arrancan el próximo 8 de agosto. La decisión fue muy discutida porque la comunidad internacional lleva años denunciando las continuas violaciones a los derechos humanos del país más poblado de la tierra. Y precisamente fue este hecho, la inmensa población, el que llevó al jurado olímpico a inclinarse por la sede china, que para acallar quejas bautizaron la decisión con el lema: Nuevo Pekín, Grandes ideas, para enfatizar el cambio de ideales del país para el nuevo milenio.


Descartadas otras sedes que aspiraban a ser anfitrionas, como París, Toronto, La Habana, Estambul, El Cairo e incluso Sevilla, China y el COI presumían de que la antorcha olímpica, presentada oficialmente el pasado 26 de abril de 2007 bajo el lema Enciende la pasión y comparte el sueño, iba a recorrer un trayecto ejemplar. Desde luego, pasiones ha encendido, pero nada deportivas. A pocos meses de que se inicien unos nuevos Juegos Olímpicos, China está inmersa en un conflicto político que en estos momentos está empañando la imagen del país asiático. Y no sólo estas escaramuzas están perjudicando a China, también la situación actual de los derechos humanos en aquel país: encabeza la lista mundial de países donde se practica la pena de muerte, la censura o la política de persecución.


Si la decisión del COI de celebrar en China los próximos Juegos es un guiño a los dirigentes para que se alejen de políticas totalitarias y radicales, entonces desde aquí aplaudimos tal decisión. No hay que olvidar que la esencia de este evento deportivo es la unión de los pueblos y países a través del deporte. Si por el contrario, China sólo va a tratar de sacar tajada mediática, de presumir de políticas que ya pocos practican y de enconar aún más la situación con países colindantes, léase el caso de la región del Himalaya, entonces en ese caso tendrá respaldo deportivo pero no político ni humano. La situación es tan delicada que incluso se han lanzado amenazas de boicoteo de los Juegos Olímpicos si el Gobierno de Pekín no suaviza su postura frente a la región del Tíbet. Otras prácticas y cuestiones chinas, como el alto índice de contaminación, o los proyectos de evitar la lluvia reventando nubes cargadas de agua a base de cañonazos de yoduro de plata, han acabado con el sueño olímpico de muchos deportistas, que han tomado la decisión de no acudir a China este verano.


España aún está dentro del sueño olímpico en la disciplina de Doma. Pase lo que pase y sea como sea, desde estas líneas decimos no a la censura, no a la política totalitaria y no a la violación de los derechos humanos; y sí a la integración política y cultural, sí al deporte y sí a la libertad.


Raquel Benjumeda

raquel .benjumeda@eai.es
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