Hemeroteca :: 01/03/2008
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Turismo ecuestre
Última actualización 28/02/2008@16:05:05 GMT+1
El presidente de la Federación Internacional de Turismo Ecuestre nos animó a crear una industria propia. “Hay caballos, buen clima y senderos. Se dan las condiciones para el éxito”, dijo el francés Hervé Delambre en el I Congreso Internacional de Turismo Ecuestre, celebrado en Jerez.
Jerez ha tenido el privilegio de liderar durante dos años el Proyecto Pegaso, un “regalo” financiado por la Unión Europea y que integran otras ciudades europeas vinculadas al mundo del caballo, como Santander, la Mancomunidad de Municipios del Bajo Guadalquivir, Golegá~ (Portugal) y otras localidades de Irlanda e Inglaterra. Pues bien, como fin de fiesta (el mandato acabó el pasado 31 de diciembre), a finales de noviembre se ha celebrado en la ciudad andaluza el I Congreso Internacional de Turismo Ecuestre, al que han sido invitadas destacadas personalidades de este sector en auge tanto en España como en otros países del mundo.
Invitado de honor
Y nadie mejor que el presidente de la Federación Internacional de Turismo Ecuestre (FITE), el francés Hervé Delambre, para hacernos ver que en este país, y en concreto en Jerez, queda mucho por hacer para llevar el turismo de interior hasta las altísimas cotas que han alcanzado países como Francia, que sirvió de modelo al conferenciante para explicar su acertada visión sobre el caballo como medio de transporte para hacer turismo.
Habría que remontarse hasta la década de los años cuarenta del siglo XX, justo al concluir la II Guerra Mundial, para localizar el punto de partida de la eclosión del turismo ecuestre en el país vecino. Entonces, el francés de clase media comenzó a sentir la necesidad de conocer su propio país de una manera diferente, a caballo. “Había ansias de libertad, de hacer turismo por puro placer. Esto se convirtió en el punto de partida, supuso el impulso a la actividad ecuestre”, apuntó Delambre. Veinte años después, en la década de los sesenta, Francia contaba con una estructura turística de interior absolutamente consolidada, hasta tal punto que desde entonces hasta la actualidad “lo que se ha hecho únicamente es mejorar lo existente”.
Auge de la clase media
El aficionado desencantado de la equitación clásica, harto de dar vueltas en una pista cerrada y necesitado de compartir la naturaleza y la libertad con el caballo, ha sido, sin quererlo, el que ha revolucionado con el tiempo el sector del turismo ecuestre. En Francia existen más de setenta guías de itinerarios, más de un millón de kilómetros de senderos, más de setenta mil empleos relacionados con el turismo ecuestre y más de medio millón de federados oficiales ( jinetes “de exterior”) cuyo interés por el caballo es la búsqueda por el territorio francés de rincones históricos, de gastronomía autóctona y de libertad. Cifras que marean.
Fácil de aplicar
El turismo ecuestre no pone nada difíciles las cosas. Requiere un nivel medio de conocimientos ecuestres, un caballo que no presuma de linaje, dócil, en buen estado físico y de carácter decidido para sortear imprevistos y obstáculos naturales. El más de un millón de kilómetros de senderos que están censados en Francia, la mayoría de ellos incluso señalizados debidamente para hacer lógica la ruta, está salpicado de restaurantes y alojamientos rurales donde jinete y caballo pueden pernoctar al más puro estilo cervantino, un aspecto “básico y necesario para que se haya podido desarrollar el turismo ecuestre”.
Quizá, el dato más relevante y significativo del estudio expuesto por el francés Hervé Delambre es la conquista de la clase media. Según el presidente de la FITE, esta enorme bolsa de la población se ha convertido con el tiempo en el público objetivo del turismo ecuestre. Esta afición no requiere ser propietario de un caballo, ni ser un experto jinete ni un acaudalado ciudadano. Gracias al turismo ecuestre, concluyó Delambre, en Francia se ha podido rescatar de las garras de la extinción formas de vidas alejadas del moderno concepto urbano. “El turismo ecuestre ha hecho revivir la vida rural, ha rescatado de las ruinas las casas rurales polivalentes. Ha dado al campo la oportunidad de generar nuevos negocios gracias a este animal tan noble”.
Para concluir, el francés destacó el gran potencial que tiene nuestro país, y en concreto Jerez, para desarrollar una industria de interior con el caballo como protagonista. “Hay senderos, hay caballos, hay un clima excepcional y afición. Se dan las condiciones para el éxito”. Pues a tomar nota.
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