Opinión/Firmas
Última actualización 01/11/2007@00:00:00 GMT+1
Al tiempo de escribir estas líneas, me encuentro cumpliendo el rito de cada verano: entrenar a los purasangres en la playa.
La playa fue tradicionalmente el reino de los gentlemen, los jockeys aficionados. Galopar sin más vallas que la orilla y la franja de arena seca, a lo largo de la arena mojada y compactada de la bajamar, añade un tono más alto de deportividad a todo el ejercicio. He visto a jockeys profesionales palidecer de pánico la primera vez que actuaban en este improvisado hipódromo marino que no tiene las defensas laterales que proporcionan los raíles en un hipódromo convencional. Para nosotros, los gentlemen riders, esa circunstancia de pista abierta incrementa el challenge y contribuye a hacer más deportiva aún la competición, una competición que en origen fue creada por reyes y nobles, para reyes y nobles.
Galopar desde Bajo de Guía hasta Las Piletas o desde Las Piletas hasta La Jara, con las primeras luces del día, proporciona un placer indescriptible que sin duda crea adicción. Los cascos repiquetean en la firme superficie salada y uno, colgado de los estribos elevados y con las riendas muy cortas, se abandona al placer de la velocidad que el aire en la cara se ocupa de hacer evidente en todo momento.
Es preocupante comprobar que, cada verano, menos y menos caballos son entrenados en la playa. La afluencia de personas cada vez más temprano complica el trabajo de los jinetes, y los preparadores están optando por dejar los caballos en su lugar de residencia habitual hasta el día de la celebración de las carreras, en que vienen a Sanlúcar simplemente en tránsito. Es una lástima que se pierda este otro valioso patrimonio sanluqueño por la falta de interés de las autoridades locales y de los organizadores de las carreras. Se deberían regular los diferentes usos de la playa para hacerlos compatibles entre sí, y así el municipio no privaría a residentes y visitantes de una opción más de disfrute de la línea costera.
La tolerancia habitual de los sanluqueños permitió un día que se nos privara del uso de la vía pecuaria que une esta ciudad con la de Almonte a través de la reserva natural más emblemática de España. Así se condenó a Sanlúcar a ser siempre en el futuro un fondo de saco sin posible comunicación con el noroeste y a su comunidad ecuestre a no poder disfrutar de este camino incomparable. A la vista de lo que está ocurriendo ya, parece que pronto dejaremos también de poder usar la playa, no sólo para el entrenamiento de los caballos de carreras, sino incluso como espacio donde poder montar a caballo. Sanlúcar, que tiene un alto censo de equinos y pocos espacios adónde sacarlos, debería impedir que esto ocurriera.
Javier Hidalgo