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Última actualización 01/08/2007@00:00:00 GMT+1
Este caballo, rústico y duro, permanece salvaje desde la Antigüedad. Sus genes desafían a la ciencia al revelar que no es pariente de ninguno de su especie. Así vive el Caballo de Retuerta, la última raza equina encontrada en estado salvaje
Fue tiempo atrás al Pleistoceno cuando cada miembro de la familia equs emprendió su propio camino. El asno evolucionó por los distintos continentes; la cebra eligió el continente negro; el Prezewalskii parece que se asentó en Asia; y el caballo colonizó el mundo. Esta última es la especie más diversificada en la actualidad. La mayoría de las razas o subespecies del caballo han sido modeladas a imagen y semejanza del hombre. La madre tierra se ha encargado de la selección natural de unas pocas privilegiadas. El caballo losino, el celta o el pottok son algunas de ellas. A este selecto grupo de privilegiados se acaba de incorporar el caballo de las Retuertas, que toma su nombre por el lugar donde se localizan estos caballos en verano: las retuertas, unas zonas de contacto entre las dunas y la marisma que durante la estación seca rezuman el agua dulce que durante el invierno se acumula en la arena. El Retuerta ha resultado ser el caballo salvaje más antiguo de Europa, más primitivo incluso que el Pura Raza Árabe o el Pura Sangre Inglés. Bienvenidos a la vida salvaje.
Los caballos del guey
Nos encontramos en la Reserva Biológica de Doñana, una finca de siete mil hectáreas incluida dentro de los límites del Parque Nacional de Doñana (Huelva). Esta extensión de terreno, gestionada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), está altamente protegida y completamente aislada del resto del territorio natural y, por supuesto, del público. Toda la fauna y la flora de la reserva está controlada y catalogada por los científicos de la estación, desde la primera flor hasta el más joven cachorro de lince. Pero Doñana, la joya de la Corona, un paraíso al ojo humano, se convierte en un lugar inhóspito en determinadas épocas del año para sus habitantes. De ello se encargan la sequía, el calor o los tábanos en verano, y las inundaciones y el frío en invierno. Bajo estas condiciones sobreviven los sesenta ejemplares retuerteros que han sido objeto de la investigación llevada a cabo por el mexicano Ciro Rico, científico de la Reserva, en coordinación con Juan Calderón, de la Estación Biológica de Doñana; José Luis Vega-Pla, del Servicio de Cría Caballar y Remonta del Ministerio de Defensa, y Amparo Martínez, de la Universidad de Córdoba. La manada ha formado dos grupos, o tropas, como bien dice nuestro guey mexicano. Al frente de cada familia hay un semental y una docena de yeguas con sus crías. No es mal plan. Allí comen, duermen y se aparean.
Hijos de los ochenta
El medio centenar de caballos de Retuertas son las tres generaciones resultantes del aislamiento de una docena de retuerteros aislados en la Reserva a finales de los años ochenta. En aquella época, la epidemia de la Peste Equina era una potente amenaza para la cabaña equina nacional y los entonces gerentes de la estación biológica decidieron sabiamente apartar a unos pocos ejemplares de una manada que ha existido en Doñana desde la Antigüedad. Ciro Rico subraya que “si bien el caballo de la Retuerta ha influido en los animales de la zona, como el marismeño o los caballos cruzados, el resto de razas no se han mezclado jamás con él. Es decir, el retuertero se ha usado para los ganaderos de fuera de la reserva pero acá no ha entrado ningún caballo”. Y así fue. El resto de aquella manada de finales de los ochenta se quedó en el Parque, donde siempre ha estado. Y sólo doce, los mejores del grupo, dijeron adiós al hombre y a la esclavitud.
El hallazgo
Aún hoy sigue en el grupo el número cero de aquel selecto grupo. Este primer ejemplar cuenta ya con unos veinte años de edad, el mismo tiempo que los científicos de la Reserva llevan estudiando su sangre, su historia, su pasado, su presente y su futuro. Y la genética ha sido tajante: son fuera de serie. Una raza aparte, antigua, única y salvaje. A esta conclusión han llegado Ciro Rico y su equipo después de comparar al Retuerta con otras razas y resulta que su estructura genética lo separa completamente de cualquier otra población. En concreto, los biólogos analizaron el árbol filogenético de 12 razas equinas, entre centroeuropeo (asturcón, losino, pottok, mallorquín, menorquín y el de retuertas), europeas y africanas, como el árabe, el inglés, el español o el marismeño. En principio, todo parece apuntar a que el caballo de Retuertas habría que situarlo en la base de un hipotético árbol genealógico de las razas. Pero si en su sangre estos animales rezuman historia, por fuera tampoco son muy disimulados que se diga. Ciro Rico ya está familiarizado con la tropa. La publicación del estudio ha tenido un alcance mediático sorprendente y Doñana ha sido en estos últimos días un goteo incesante de periodistas. Así que el mexicano una vez más detiene su vehículo a unos 500 metros del grupo y comienza a caminar lentamente hacia el grupo por una marisma ya muy seca, aunque todavía se ha de agrietar más cuando siga subiendo el termómetro. A unos pocos metros de los caballos, el científico se detiene y se sienta a observarlos y a esperar. “Ahora se nos acercarán”, garantiza. Los primeros en llegar son tres ejemplares, una yegua y dos jóvenes. Más tarde lo hará otro pequeño grupo de tres o cuatro ejemplares, todos ellos con el hierro de la casa marcado en la nalga: la cara de un lince. Al fondo, las yeguas adultas han hecho una barrera para proteger a sus crías. Por si acaso. Con todo, están a una distancia justa y necesaria para observar el físico del Retuerta. Abunda el castaño, la pigmentación oscura, puede que se hayan hecho resistentes a las altas temperaturas. Talla media, entre 145 y 155 centímetros a la cruz. El cuello de los retuertas es delgado y sus caras alargadas y ligeramente acarneradas. Su grupa está ligeramente caída y sus extremidades son robustas, útiles para soportar meses de inundaciones en barro, en agua de marisma. Su piel es dura, útil para soportar la impertinencia de variopintas moscas y mosquitos de la talla XXL. Sus andares son recogidos, lejos de la amplitud de los caballos ‘diseñados’ por el hombre, como el centroeuropeo. Definitivamente, con tener un mínimo de nociones ecuestres se llega a la conclusión que el Retuerta es un animal muy antiguo, muy hecho y perfectamente adaptado a la vida en la marisma y a todos sus inconvenientes. Aunque, amigos, tienen un tesoro: la libertad. El grado de libertad y de adaptación conseguido por estos animales es tal que el propio biólogo asegura que “ningún caballo de cualquier otra raza conseguiría sobrevivir en semejantes condiciones”. La principal causa de mortalidad del Retuerta es la inanición, provocada claro está por la sequía. Cuando los potros han superado el año de vida, la supervivencia está prácticamente garantizada.
El enigma del cromosoma Y
Ciro Rico ha dado por terminada una etapa. El caballo de Retuerta es una raza distinta y ancestral, más antigua incluso que el Pura Raza Árabe. Esto está demostrado y es incontestable. A partir de ahora hay que trabajar en la gestión, la conservación e investigación. El primer apartado incluye la estabulación de potros, para su adiestramiento y extracción de semen y óvulos para congelar embriones en las instalaciones de la yeguada La Cartuja, en Jerez. Esto va a suponer un enorme reto, pues estos animales son absolutamente salvajes y capaces de matarse antes de obedecer al hombre. Pero hay que intentarlo porque, tal y como explica Rico, “el caballo debe estar relajado para practicar las técnicas de reproducción asistida y esto sólo se consigue con doma”. Pero a cambio, el Retuerta puede aportar una enorme riqueza al resto de su especie. Según los científicos, “es muy probable que estos animales estén inmunizados a numerosas enfermedades, quién sabe si hasta a la Peste Equina”. Vamos, que es posible que guarden la medicina de enfermedades que amenazan al caballo doméstico.
El segundo apartado hace referencia a continuar con lo hecho hasta ahora. Conservar la raza supone controlar el censo de animales, marcarles la nalga, registrarlos y mantener su calidad de vida. El equilibrio natural lo establece la propia naturaleza. En cada tropa nacen anualmente seis o siete potros, aunque Ciro Rico asegura que “aún estamos por debajo de la carga. Podemos asumir más ejemplares y este apartado también hay que incluirlo dentro de la conservación”.
Y por último, la investigación. Para los científicos a partir de ahora se abre una nueva vía de estudio que de tener resultados positivos habría que hablar de un hecho sin precedentes en la historia del caballo. Los estudiosos tienen un objetivo: demostrar que el caballo de Retuertas ha escapado a la domesticación. A ver, la ciencia ha estudiado de manera histórica todas y cada unas de las razas equinas. En todas, se ha seguido el mismo esquema científico. Por un lado, el estudio del ADN mitocondrial, que sólo lo aporta la madre, y por otro, el cromosoma Y, que lo aporta la línea paterna. Bien, el ADN mitocondrial es diferente en todas y cada una de las razas. Pues al igual que existen apellidos tan antiguos como López o Rodríguez... se llegó a la conclusión que existen muchas líneas maternas en el mundo ecuestre. Todas ellas han demostrado que han sido domesticadas desde tiempos inmemoriales. Años más tarde la ciencia comenzó a estudiar y a analizar el cromosoma Y de los caballos, con resultados radicalmente distintos a los maternos. “Nos encontramos con que todos los caballos del mundo comparten el mismo cromosoma Y”, afirma Rico. Por tanto, el desarrollo científico sugiere que domesticar a las hembras ha sido históricamente más sencillo que someter a los machos. El caballo de Retuerta no ha sido todavía objeto de este estudio. De momento lo que está demostrado es que sus genes son distintos a los de otras razas estudiadas y que es una especie aparte, pero ¿por qué ha escapado de la domesticación? Bien, si del estudio resulta que el ADN mitocondrial es distinto y que, al igual que el resto de caballos del mundo, comparte el cromosoma Y, estaríamos ante una colonia de caballos que no ha llegado a domesticarse por el lugar geográfico que habita. Acceder a la marisma se antoja complicado y es muy probable que durante siglos el hombre no haya tenido necesidad de recurrir a este ganado teniendo otro más accesible e igual de útil para el trabajo. En cambio, si tras el estudio se demuestra que el cromosoma Y es distinto estaríamos ante un hallazgo sin precedentes.
Un estudio de estas características es largo y costoso. Ciro Rico estima que podría prolongarse en un periodo de tiempo aproximado de tres años, pero como casi siempre, el primer obstáculo es el dinero. El coste del estudio se calcula en unos 300 mil euros y, de momento, ninguna institución se ha explicado. Mientras, el caballo de Retuerta permanece ajeno al hombre. La libertad ha sido la mejor herencia de sus antepasados, unos misteriosos progenitores que no sucumbieron al antojo humano. Al fin y al cabo, el caballo sin hombre siempre será un corcel de los dioses, pero el hombre sin caballo sólo será un hombre.
El ‘Mulito’ de Diego
Diego es uno de los guardas de la Reserva Biológica de Doñana. Es un almonteño de los que sacan a la Virgen del Rocío puntualmente por Pentecostés. Así que conoce el Parque como si fuera su casa, porque de hecho lo es. Lleva domando caballos desde los 9 años, “cuando me gané el primer jornal”, recuerda mientras rodea con sus brazos el cuello de un Retuerta. ‘Mulito’ es el único ejemplar de Retuerta que ha sido domesticado, aunque desde luego no puede ocultar su pasado y presente salvaje. A medida que Diego se acerca al picadero, ‘Mulito’ se las apaña para despistarle. Al final, Diego consigue arrinconar al caballo para pasarle la cabezada por el cuello. El animal resopla y se enfada. Esto lo hace cada día desde hace once años, cuando cayó en manos de Diego. “Yo nunca me he encontrado a un caballo como éste. El Retuerta es duro y desconfiado, tienes que ganártelo por la cara, por detrás jamás”, apunta mientras descansa sobre ‘Mulito’, que ya está tranquilo. Este experto jinete respalda y sostiene la versión científica. “Es verdad que el Retuerta ha estado aquí desde siempre, pero no se ha mezclado con ningún otro caballo. La gente de Almonte sí lo ha necesitado para cruzar sus yeguas, porque es un caballo muy duro y bueno para la marisma, pero ellos nunca se han mezclado con otros”. La de Diego es una versión de Almonte que se encuentra con otras corrientes que aseguran que el Retuerta no es más que un caballo cruzado, vamos, que no tiene nada de original.