Hemeroteca :: 01/07/2007
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Última actualización 01/07/2007@00:00:00 GMT+1
Os invitamos a presenciar a caballo los encierros, el traslado y las faenas de campo con el toro bravo, nuestra seña de identidad
Qué decir de la relación entre el caballo y el toro bravo, dos de los protagonistas de la fiesta taurina, sin olvidar la necesaria e inestimable presencia del vaquero, personaje que aúna en sí las funciones de jinete y pastor. Aún así mucho se ha perdido en la intervención de los caballos en torno al festejo taurino. Cuenta Ignacio Saez Boil en su Antología del toreo a caballo cómo ‘perdida está la llegada del espada y su cuadrilla a la plaza en un carruaje arrastrado por un hermoso tronco de ligeros corceles o la no menos pintoresca del picador trasladándose de la fonda al coso, llevando a la grupa de su montura el añadido del monosabio’.

La insustituible jaca vaquera. Esperemos pues que pase mucho tiempo antes de ver cómo las labores en el campo se realizan desde un vehículo motorizado; hoy por hoy y por fortuna el trabajo de la jaca vaquera resulta insustituible. El trabajo de campo a caballo ha
desaparecido casi por completo en las labores con el ganado manso, pero no en el manejo de las reses bravas, mundo en el que la mecanización y la estabulación son impensables. En las ganaderías extensivas del centro y sur de la Península Ibérica, también en el norte aunque de modo minoritario, el caballo se ha usado tradicionalmente y se usa en la actualidad para mover y vigilar el ganado bravo, para reunirlo con diferentes fines: cambiar de pastos, la trashumancia, desahijar, marcar…
En estas páginas trataremos de aproximarnos al trabajo diario de vaqueros que andan repartidos por toda la geografía de esta nuestra piel de toro, por algo será que nuestro país tenga esta forma; trabajadores del campo, pastores de ganado bravo, alejados de las florituras y las campanillas de la fiesta taurina de plazas de primera casi tanto como de las competiciones y exhibiciones de doma vaquera, acoso y derribo... Para ellos el caballo es una verdadera herramienta de trabajo para manejar al toro y el medio de transporte idóneo para la trashumancia.

El papel de los cabestros. Si el caballo es el alma mater y el más fiel acompañante del trabajo en el campo con el toro bravo, aliados imprescindibles en las labores cotidianas del manejo del toro a caballo y especialmente en la trashumancia del ganado son los cabestros, así como también los perros pastores o careas. Los primeros son toros castrados, bueyes mansos que sirven de guía a la manada en su andar por las dehesas de unos pastos a otros con el cambio de temporada, o camino de las fiestas de algún pueblo. Su pelaje conviene sea muy distinto al dominante en la capa de la ganadería.

Resulta sorprendente, más para aquellos no iniciados en la materia, ver cómo de modo general los fieros toros bravos caminan en solemne y pausada procesión tras los pasos de los bueyes y los caballistas.

La doma inculcada al caballo, el trabajo diario, permitirá que éste se comporte siempre del modo más adecuado, cómo si de una extensión o prolongación, no sólo física, del jinete se tratara. Rememoremos la imagen mítica del centauro e imaginemos que jinete y caballo forman una única entidad; así cuando la parte superior piensa y actúa la inferior reacciona en consecuencia. La identificación de caballo y el vaquero debe ser total; la doma, una doma racional, y el trabajo
diario con paciencia, logran resultados sorprendentes. El aprendizaje del caballo se ha de basar en la explotación de una de sus cualidades mentales más desarrolladas, la memoria, que algunos erróneamente relacionan con la inteligencia.

La belleza de nuestra piel de toro. Raros seríamos si no quedáramos cautivados hoy por la belleza del toro en su medio natural, en el campo. No seremos los primeros ni los últimos, y es que es un hecho cierto que el toro desde siempre ha sido objeto de la admiración de los hombres por su fuerza y poderío. El actual toro de lidia, que sólo desde el siglo XVII es tal, vivió desde tiempos remotos asilvestrado, el bos taurus primigenius fue desde siempre un animal relacionado con el poder. Sus afilados cuernos fueron usados en antiguas civilizaciones como símbolo de rango y potestad al formar parte del adorno de las coronas de reyes y divinidades.

Más allá, el toro de lidia es un capricho que nace del ingenio y la afición de los ganaderos españoles: animal combativo, noble, ágil, poderoso, bravo y, sobre todo, bello y armonioso.

Aunque seamos ajenos e incluso contrarios al mundo taurino; más allá de la ‘fiesta’, sin olvidar que sin ella aquel desaparecería, existe todo un mundo previo y paralelo en torno al animal de lidia, del que sin duda disfrutaremos si decidimos acompañar a los vaqueros en el desempeño de sus tareas cotidianas, convirtiendo en un verdadero disfrute lo que para ellos es su trabajo, una obligación diaria, una cita ineludible haga frío o calor, llueva o nieve; la paciencia y la constancia son cualidades imprescindibles para el oficio de vaquero, para el que los días de fiesta no son ni mucho menos los que marca el calendario.

Las rutas del toro. Nuestra propuesta sólo a modo de invitación que en caso necesario se podría concretar y ampliar es realizar rutas ecuestres de acompañamiento del ganado bravo, tanto en rutas de varias jornadas de duración, aprovechando la trashumancia de las reses bravas, su paso de las dehesas de invierno a las de verano o viceversa, como en jornadas de un día en trabajos de campo o en la conducción desde la dehesa a las plazas de toros o los lugares del encierro de los pueblos en fiestas, con el debido acompañamiento y amparo de los caballistas y la manada de cabestros. Hoy el transporte de las corridas se hace en camiones acondicionados ad hoc para esta finalidad, las reses se guardan una a una en cajones con el tamaño adecuado para que el animal quepa con holgura pero no pueda darse la vuelta ni dañarse al intentar salir.

En las rutas más largas se utilizan para el tránsito antiguos caminos de herradura, cañadas y veredas y el objeto de las mismas es el aprovechamiento de la complementariedad de los pastos. Generalmente los caballos duermen junto a los vaqueros y próximos a los ‘cercones’ donde se encierran durante la noche las reses bravas. Los jinetes generalmente optan por trasladarse a dormir a algún establecimiento cercano donde poder descansar en una cama y darse una ducha reconstituyente.

El paso y los arreones. La trashumancia se compone de largas jornadas en la que se alternarán el paso despacioso con momentos al galope: arreones, arrancadas y cambios bruscos de dirección para buscar una vaca suelta, hacer un quiebro para cortar el paso a otra que trata de escapar, esquivar una posible cogida… Y es que el riesgo es inherente a toda actividad en la que el protagonista sea el toro, y todo aquel que se decida a realizar una ruta de acompañamiento del ganado bravo debe asumirlo, aún sin dejar de tomar todas las precauciones necesarias; seguir las directrices que marque el mayoral es fundamental para preservar nuestra integridad física y para no estorbar en el
desarrollo y la organización de su trabajo.

Si finalmente decidimos realizar una ruta de acompañamiento de toros podremos optar por utilizar una silla vaquera, más cómoda para el trabajo de campo para el cual está pensada, o decidirnos por la que habitualmente utilicemos, porque recordemos que los que van a trabajar son ellos, para nosotros será tan sólo un peculiar e inolvidable paseo campo a través, con el aliciente añadido de viajar con auténtico ganado bravo.



El toro y el aire vaquero
La monta ‘a la vaquera’ y todo lo que la rodea, guarnicionería, vestimentas, ayudas… nace como una necesidad y un requerimiento del trabajo de campo. La pérdida de protagonismo de este modo de trabajar, aunque todavía pervive y con fuerza en determinados ámbitos tal y como aquí describimos, ha derivado en diversas actividades de exhibición y competición tan arraigadas en la actualidad como la doma vaquera o el acoso y derribo. Es el acoso y derribo un ejercicio clásico en las ganaderías orientado a probar la bravura de los machos bravos en el campo, seleccionando así el ganado para las diferentes corridas o ferias.

La doma vaquera es pues un modo tradicional de monta, eminentemente práctico, puesto que se define como la serie de movimientos necesarios para manejar el ganado en libertad. El aprendizaje de esta modalidad ecuestre es del mismo modo natural e intuitivo, no estando reglamentada su enseñanza; el aula es el trabajo del día a día y los conocimientos se transmiten en la mayoría de los casos de generación en generación.


El caballo vaquero
Hablemos un poco pues del vaquero y su mundo. Comencemos por el caballo, un caballo o rocín que ha de ser ágil, ligero, rápido de reflejos, con potencia de patas y resistente. Conviene una perfecta identificación con su jinete; el caballo debe admitir una doma amplia logrando tras esta la sumisión al amo que desde arriba le ordena por diferentes medios (la voz, las manos, las piernas…) qué ha de hacer, cómo y cuándo; él obedecerá sin dudarlo. Para ello la preparación ha de ser tanto física como psíquica, desde el momento mismo de su desbrave y amansamiento con dos o tres años. Los caballos no son inteligentes y trabajar desde una perspectiva psíquica con ellos consiste básicamente en trabajar sobre su portentosa memoria y quitar miedos logrando su confianza, ambos ejercicios van en muchas ocasiones inexorablemente unidos y requieren para su consecución grandes dosis de paciencia y un trabajo continuado. Lograr un caballo equilibrado, tranquilo la mayor parte del tiempo, pero con nervio suficiente como para reaccionar de manera inmediata a una orden del jinete es tener gran parte del éxito de la faena garantizado. Por otra parte, en un caballo vaquero debemos valorar más su docilidad y buen temperamento, que la edad, la raza o las proporciones. Muchas razas son aptas para este trabajo, la elección insistimos depende más del caballo en particular que de la raza en general; los caballos cruzados, de dos o tres sangres, suelen dar en cualquier caso buenos resultados.

Los caballos vaqueros llevan generalmente la cola cortada o recogida para evitar agarres y enganches. La función natural de la cola crinada, la de ahuyentar moscas, tábanos y otros insectos la suple en el caso de la cara del caballo el mosquero característico de la cabezada vaquera.

De los aires naturales del caballo sólo dos se usan en el trabajo de campo, el paso y el galope. El trote es un paso inestable e incómodo poco recomendado para pasar largas jornadas trabajando sobre una jaca vaquera.

También la forma de montar es peculiar. Las piernas y el cuerpo del jinete dirigen el caballo, las riendas se manejan con la mano izquierda y la derecha queda reservada, cuando se usa, para la garrocha, vara larga que se utiliza para el acoso y derribo a caballo de reses bravas y en faenas camperas de apartado y conducción de ganado vacuno.
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