Hemeroteca :: 01/06/2007
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Turismo ecuestre
Última actualización 01/06/2007@00:00:00 GMT+1
Elegimos el caballo para contemplar una de las construcciones más antiguas, enigmáticas y perfectas de la Humanidad: las pirámides de Egipto
Nos situamos junto a la caótica e inconmensurable urbe que es capital de Egipto, El Cairo, y contemplamos sorprendidos el legado arquitectónico más prestigioso del Imperio Antiguo de Egipto, las pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos, recintos sepulcrales de estos faraones, testimonio vivo del nivel de desarrollo de una de las primeras grandes civilizaciones del mundo. Dado el penoso grado de deterioro de la zona impresiona más el imaginar lo que tuvo que ser que lo que hoy queda, básicamente colosalismo y monumentalidad junto a un barrio que desde un punto de vista europeo calificaríamos de suburbial.

Si antes de visitar esta zona con la luz del día que todo lo aclara, damos una vuelta nocturna para situar las pirámides, cosa harto difícil una vez finalizado el turístico espectáculo de luz y sonido puesto que quedan inmersas en una profunda oscuridad, creeremos estar en un barrio marginal y alejado de la zona turística. A la mañana siguiente comprobaremos cómo la noche anterior paseábamos por uno de los lugares de El Cairo más concurridos por los turistas, y también, cómo no, por hordas de cairotas deseosos de lograr unas piastras, unas libras o en el mejor de los casos unos euros, que aquí es un dinero, por ponerte un pañuelo en la cabeza, hacerse una foto contigo, que tú ni quieres ni has pedido, por subirte a un camello, actividad que tampoco entraba en tus planes, o simplemente por sonreír. Tú eres el turista y él debe sacarte el dinero, es su oficio. Al principio puede agobiar e incluso incomodar, te sientes engañado y acosado, debes ir preparado para decir que no; sufrirás la novatada pero pronto te acostumbrarás y aprenderás a convivir con ello. Y lo peor, cuando logras acostumbrarte y dominas la situación e incluso la disfrutas, sobre todo en los zocos y mercadillos, es el momento de regresar: aquí ya todo tiene un precio, ya no podemos discutir ni regatear y hacer de cada acto de compraventa (de servicios, de objetos…) una verdadera negociación, y un encuentro entre amigos. Porque, aunque al principio nos resulte molesto, pronto descubriremos que simplemente es otro modo de vida, que la cairota es una sociedad amistosa y que transmite sensación de seguridad a pesar del caos, la aglomeración, el ruido…

La séptima maravilla del mundo
Ahora bien, si deseamos conocer de un modo diferente una de las zonas más visitadas no ya de Egipto sino del mundo, no obstante nos encontramos ante una de las siete maravillas del mundo antiguo, hagámoslo montando a caballo, y disfrutemos así del placer de dar un paseo a lomos de un árabe rememorando cómo tuvo que ser la vida en el Egipto faraónico en una de las épocas de máximo esplendor, la de la tercera y la cuarta dinastías (2600-2500 años a.C.). La crianza y posesión de caballos nació en Arabia como símbolo de prestigio, asociado a los ricos y poderosos, y así debió ser en tiempos de los faraones, antes de convertirse en una cuestión religiosa que incumbía también a los menos privilegiados socialmente. Fue Mahoma, que sentía gran pasión por el caballo árabe llegando incluso a afirmar El diablo nunca osará entrar en una tienda habitada por un caballo árabe, quien se preocupó de la supervivencia de la raza: ‘Cuantos más granos de cebada proporciones a tu caballo, más pecados te serán perdonados’.

Si en algún tiempo las cebras fueron usadas como bestias de tiro y, venciendo el límite septentrional de su distribución geográfica, desde Etiopía o Sudán hubieran sido utilizadas para transportar mercancías descendiendo el valle del Nilo hacia el Sinaí y Palestina, podrían haberse encontrado a la altura del mar Caspio con tribus que para los mismos fines, montura o bestias de tiro, utilizaran ejemplares domesticados del caballo de Przevalski, procedente de Mongolia. La hipotética unión de ambas especies (las probabilidades de que un híbrido sea fértil son escasas pero no es imposible) habría dado como resultado una nueva especie, el protoárabe, origen o ancestro a su vez de la mayor parte de los caballos actuales; es, pues, el árabe la raza pura más antigua del mundo. En estas consideraciones seguimos la teoría que Ridgeway apuntaba en su obra Origen múltiple del pura sangre inglés, la cual se corrobora al observar cómo el tamaño y la esbeltez de los caballos orientales les aproximan más a onagros y cebras que a los caballos del norte de Europa. Los testimonios literarios de una raza árabe son tardíos. Y es que, dadas las condiciones geográficas y climatológicas tanto del valle del Nilo como de Arabia, estrechas franjas fértiles en torno a los accidentes fluviales rodeadas de inmensas extensiones desérticas más aptas para asnos y camellos, en tiempos de paz y de guerra respectivamente, que para caballos, se explica la escasez de estos hasta los tiempos de Mahoma, cuando el precepto de propagar la fe del Islam por la fuerza de las armas motivó la expansión de la cría caballar en el seno de las tribus desérticas. El Corán exhortaba al creyente a criar el mayor número posible de potros, y de la mejor calidad, para combatir al infiel; los ganaderos llegaron a pasar penurias beneficiando la crianza de los caballos. La calidad de la raza árabe ha de agradecer los sacrificios de aquellos esforzados criadores. La alimentación del caballo es algo más exigente que la del camello; la ración de agua potable, cebada, dátiles, leche de camella e incluso arenques secos (que se utilizaban para completar la dieta proteica del caballo) que se daba a los caballos se descontaba o restaba de la adjudicada en principio a las personas y al resto de animales domésticos, ovejas, cabras y camellos.

Las pirámides de Gizeh
Es el arte faraónico, sea cual sea su origen y su verdadero objeto o razón de ser, un arte coherente, con unidad de estilo y elementos que permanecieron constantes durante tres mil años: dimensiones colosales, visión bidimensional sin perspectiva, cánones de medida estrictos que regulan las proporciones del cuerpo humano, unidad en el adorno de los retratos… Y es la arquitectura la manifestación artística del Egipto antiguo por excelencia, y a ella se supeditan la escultura y la pintura. Su finalidad, al menos en origen, no es estética sino funcional, una funcionalidad relacionada con la religiosidad, la muerte o mejor la vida más allá de la muerte física, y el culto a los dioses. El desarrollo del mito de Osiris, allá por la tercera dinastía (hacia el año 2700 a.C.), revolucionó la mentalidad de los egipcios del Imperio Antiguo, dando a los hombres la esperanza en la resurrección gracias a los ritos funerarios descubiertos por Isis, la abnegada y fiel esposa que reconstruyó el cuerpo del marido despedazado y, descubriendo los secretos del embalsamamiento con la ayuda del dios Anubis, le infundió de nuevo la vida, una vida desde entonces imperecedera.

En las pirámides los antiguos egipcios demostraron excelsos conocimientos relacionados, no sólo con las técnicas arquitectónicas, sino también con la astronomía y las leyes de la geometría. La forma piramidal es la forma geométrica más estable y su construcción con sillares de piedra labrados y trabados contribuye a transmitir los valores que los faraones perseguían: invulnerabilidad y permanencia. Las colosales dimensiones de la pirámide y su distribución interna contribuyen por una parte a dejar constancia para la posteridad del gran poder del faraón y, por otra, a preservar de ladrones y delincuentes la momia de aquel.

La gran pirámide o pirámide de Keops alcanzó en su época una altura de 146,59 metros, hoy mide algo menos como consecuencia de la erosión y de la ocultación de parte de la base primitiva por las arenas del desierto. La segunda pirámide, la del faraón Kefrén es algo más baja, aunque al conservar en la cúspide parte del revestimiento exterior de caliza blanca que en origen cubría las pirámides, y al situarse en una zona más elevada, parece algo mayor. La piedra caliza fue arrancada a lo largo del tiempo para construir palacios y mezquitas; así la exposición de las pirámides a las inclemencias del tiempo y a la acción de la erosión es mayor y de aquí su alto grado de deterioro. La más pequeña es la de Micerinos, de tan sólo 62 metros de altura. En cualquiera de ellas que entremos descubriremos la sobriedad y severidad geométrica de su interior y sólo la curiosidad nos debe animar a visitar el interior de cualquiera de ellas; no debemos tener remordimientos si la claustrofobia nos impide hacerlo.

Se cree que la forma piramidal, además de todo lo argumentado más arriba, se justifica también al simbolizar la escalera que conduce al faraón hacia Ra, dios supremo del sol, que adquirió un papel preponderante en la religión egipcia cuando Kefrén tomó el nombre que significa ‘Hijo de Ra’.

Cierra o, mejor dicho, abre el conjunto la enigmática figura de la Gran Esfinge, al parecer un retrato de Kefrén deificado, que se sitúa bajo la pirámide de este faraón y que representa la figura de Harmakis, el sol naciente, de nuevo el sol. El coloso mira con fijeza eterna hacia el punto donde el sol renace cada día después de su cotidiano morir. Esta estatua de diorita ha sufrido de manera notable la acción erosiva del viento, la arena, el paso del tiempo e incluso los ataques de los mamelucos; el deterioro continúa todavía hoy, además de por el alto nivel de contaminación y polución de la vecina capital de Egipto, por una enfermedad que parece afectar a la piedra y que la devora desde dentro.

La visita a caballo del complejo funerario nos permitirá alejarnos y tomar distancia para lograr una buena perspectiva, una visión panorámica de las pirámides que nos dé idea de las dimensiones de estos monumentos y de su disposición en diagonal, con un emplazamiento noreste-sudoeste.

Convertidos en beduinos
Tras dar un paseo a caballo visitando el complejo funerario de Gizeh, convertirnos por unas horas en beduinos que transitan el duro paisaje desértico, y compartir con la población local lugares y motivos de ocio en la zona de los establos próxima a las pirámides, en la zona de Nazlet as-Samaan, podemos continuar conociendo algo más de la capital de Egipto. Antes de continuar, una recomendación: aunque la mejor opción es contratar la excursión a caballo previamente, aprovechando la experiencia de mayoristas y agencias especializados, tal es el caso de Mena Tours, no dejéis de pedir a vuestro guía que os muestre la zona de los establos. Extraordinariamente próxima a la Gran Esfinge, es una zona de ocio de la población local, donde los cairotas van a pasar el rato montando a caballo, niños, niñas, jóvenes, ancianos… Si vas un viernes o un sábado, su fin de semana, te sorprenderá el ambiente distendido y relajado y cómo el montar a caballo es una actividad de ocio entre las preferidas por los egipcios. Podemos visitar también alguna cuadra de caballos de pura raza árabe y tomando un té contemplar verdaderas joyas equinas. En cualquier caso, siempre es mejor contratar aquí la excursión que en la zona de las pirámides.

La ciudad de El Cairo fue fundada en el año 972 y se la bautizó con el nombre de Al-Qahira (La Victoriosa). Desde entonces una sucesión de culturas y religiones fueron dejando testimonio arquitectónico y cultural en esta urbe, hoy caótica, desordenada, y tremendamente ruidosa; conocida como ‘La Madre del Mundo’, es en realidad un pequeño mundo situado en la encrucijada de tres continentes. Lo faraónico, lo griego, lo romano, lo cristiano y lo islámico conviven en El Cairo.

Desde Gizeh podemos coger un taxi para dirigirnos al Cairo antiguo, en general se llama así a toda la zona al sur del Garden City que llega hasta el barrio copto. El taxi es el mejor modo de desplazamiento en El Cairo. Toda la zona del Cairo antiguo es un remanso de paz con enorme encanto. Aquí podemos visitar desde la mezquita de Amr ibn al-As, la más antigua de África, edificada por los primeros conquistadores islámicos de Egipto allá por el año 642 de nuestra era, hasta la sinagoga de Ben Ezra, que data del siglo IX pero ocupa el lugar de una iglesia del siglo IV.

Del caballo al metro
Para continuar nuestro paseo por El Cairo podemos coger el metro, un medio de transporte urbano bastante limpio y puntual que desde la estación de Mar Girgis nos acercará al centro de la ciudad para visitar el sorprendente Museo Egipcio. Caótico, antiguo y lleno de curiosidades y turistas. Existe un proyecto para construir uno nuevo en la zona de Gizeh; esperemos que con este se logre una infraestructura acorde con la riqueza que albergará en su interior.

Tomaremos de nuevo un taxi para que nos traslade al barrio islámico. Visitaremos la ciudadela de Saladino y la espectacular mezquita de estilo turco de Mehmet Alí o de alabastro, y la mezquita de An-Nasir Mohammed, que nos hará recordar la mezquita de Córdoba. Uno no puede dejar de contemplar las vistas panorámicas de la ciudad que desde aquí se obtienen.

Desde aquí nos trasladaremos a la mezquita-universidad Al-Azhar, la más antigua y respetada del mundo islámico. Arquitectónicamente es un conglomerado de estilos y épocas. Junto a ella y mejor al caer la noche disfrutemos del ambiente del principal zoco de El Cairo, Khan el Khalili, verdadera escuela de charlatanes y vendedores. Para descansar, el relax que proporciona fumar una sheesha o cachimba y tomar un té en cualquiera de los cafés de la zona.

Un paseo por el Nilo
Esta primera toma de contacto con el caballo egipcio, un caballo pequeño, ligero pero resistente, que sabe medir sus fuerzas al estar dotado de un gran equilibrio mental, nos puede animar a realizar una ruta más larga atravesando el desierto y comunicando la zona monumental de Gizeh con otra no menos importante, Saqqara, necrópolis de la antigua Menfis que en una próxima entrega recorreremos también a lomos de un équido, visitando entre otras muchas maravillas arqueológicas la famosa pirámide escalonada, testimonio primero de una constante evolución que antes de alcanzar la perfección de Gizeh está jalonada por Meidum y Dahshur. Esta ruta requiere ya unos conocimientos ecuestres mínimos y una mayor preparación de la excursión, comida y bebida de caballos y jinetes, caballos y personal de apoyo… El tipo de montura habitual es la silla inglesa arabizada aunque si deseamos otro tipo de silla lo podemos solicitar.

Tanto para rutas cortas en las que se visiten complejos funerarios como para rutas de un día recomendamos viajar en primavera o en otoño, épocas en que las temperaturas pueden resultar más agradables y soportables. En cualquier caso, se aconseja evitar el ardiente sol, realizando las excursiones a primera hora de la mañana, llevando la cabeza cubierta y utilizando ropa adecuada. La caída de la tarde sería también una buena opción pero los complejos monumentales cierran en torno a las 16.00 horas.

Como se ha dicho más arriba lo más adecuado es concertar las excursiones previamente desde el lugar de destino antes de iniciar el viaje. No es fácil hallar un mayorista especializado en temas ecuestres en Egipto. Mena Tours es uno de ellos.

Texto: Laura ÁGUEDA
Fotos: Luis ALONSO




Empresa recomendada:
Mena Tours es una agencia mayorista de primera línea especializada en Oriente Medio. Organiza viajes de duración variable, generalmente entre ocho y quince días a Egipto, Jordania, Siria, Líbano, Irán y Yemen. Aunque son muchos los paquetes turísticos ya elaborados, su profesionalidad y conocimiento de primera mano de la zona que se visita les permite organizar un viaje a medida. Hoy por hoy no son muchos los que demandan montar a caballo en Egipto pero quizá porque la oferta no está en el mercado. Mena Tours le permite completar un viaje a Egipto con actividades de turismo ecuestre, al igual que muchos otros realizan una extensión al mar Rojo para bucear. En este artículo se describe tan sólo una de las muchas excursiones que podemos realizar, sólo debemos contactar con ellos y comentar lo que queremos, en virtud del número de días del viaje, grado de conocimiento y experiencia de los jinetes… Ellos nos organizarán el paquete más adecuado. El buen hacer de esta empresa avala el éxito de nuestro viaje y nos garantiza una gran oferta de alojamiento en hoteles y motonaves, vuelos especiales con compañías de primera línea y solvencia, guías profesionales de habla hispana… Y una experiencia inolvidable al recorrer Egipto a caballo.

Mena Tours
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