El verano está llamando a la puerta y con él la necesidad de planificar y organizar las vacaciones. En otras ediciones hemos insistido en este aspecto y no vamos a dejar de hacerlo. Por favor, incluyan en sus planes al caballo. Existen opciones, todas ellas igual de efectivas, para que el animal no enferme o entre en estado de ansiedad durante julio y agosto. Prestigiosos veterinarios colaboradores de esta revista analizan en el interior de estas páginas el lenguaje equino cuando el caballo está en cautividad.
Y resulta que tienen desarrollado un lenguaje de signos tan extenso que les lleva a estar en continua comunicación con el hombre. La clave está en saber descifrarlo o, mejor dicho, en querer escucharlos. Estos códigos son el resultado de su adaptación a la vida del hombre, que decide domesticarlo hace miles de años. Dicen los expertos que el proceso de ‘modernización’ al que ha sido sometido al caballo a veces han hecho de él un animal frustrado e infeliz. Y en este estado de ánimo tiene mucho que ver el hombre, más centrado en saciar sus necesidades que en el bienestar del caballo.
Por esto, desde estas líneas proponemos algunas claves para que estas vacaciones sean felices para todos. Existe una primera opción que es buscar un alojamiento para el caballo en el pueblo o ciudad elegida para la época estival. Seguro que hay algún centro hípico donde alojarlo a precios más económicos que en las grandes ciudades.
Hay una segunda opción que señalábamos justo hace un año por estas fechas; la de ofrecerle el caballo a una persona de confianza que se encargue de montarlo durante el verano. Esta puede ser una solución muy buena para el caballo y para su propietario o jinete habitual, pues al caballo no se le somete al lógico estrés del cambio y además sigue trabajando como durante el resto del año.
Por otro lado, podemos organizarle también a él una jornada de auténticas vacaciones. Cada vez existen más centros con parcelas para soltar caballos por tiempo ilimitado. No cabe duda que para el caballo ésta puede ser la mejor de las opciones, pues se trata de regresar a su hábitat natural, lo que ocurre es que cuando volvamos a montarlo estará algo rebelde y bruto, aunque en unos días volverá a recuperar la suavidad y su carácter habitual.
En cualquier caso, esta reflexión debe servir para mejorar nuestra relación con los caballos. Ellos siempre tienen algo que decirnos, con su mirada, con sus orejas, con su cuerpo... Sólo hay que prestarles una mínima atención. No hay que olvidar que el caballo es un animal cooperativo y muy sociable, sabe reconocer a su líder y detesta las imposiciones y la soledad. En definitiva, es sumamente expresivo y tiene un patrón de comportamiento bastante predecible. Pero para ello es indispensable la inestimable colaboración del hombre.
Raquel Benjumedaraquel .
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