Hemeroteca :: 01/11/2005
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Opinión/Firmas

Bajo de guía

Javier Hidalgo
Última actualización 01/11/2005@00:00:00 GMT+1
Carreras de caballos de carácter oficial que se celebraron en España, lo fueron en la playa de Sanlúcar de Barrameda, en ese insólito y cambiante hipódromo natural que merced a las mareas, se monta y se desmonta dos veces al día.

Heredadas de la influencia británica a través del intercambio comercial de los vinos locales, Manzanilla y Jerez, tuvieron desde su comienzo un carácter eminentemente amateur y a lo largo de su más de siglo y medio de existencia, han propiciado que Sanlúcar, dentro del mundo turfístico español, fuera el paraíso de los jinetes aficionados, gentlemen y amazonas.

Familias enteras de éstos, han acudido a Sanlúcar con sus caballos y al tiempo que han disfrutado del veraneo secular sanluqueño, han entrenado a sus pupilos y han participado con ellos en los días de la competición. Así han contribuido no sólo al engrandecimiento del espectáculo, sino también a la economía local y lo que es más importante, a fomentar el deporte sano y competitivo entre las nuevas generaciones y a asegurar futuras medallas olímpicas en las distintas disciplinas hípicas.

Pero he aquí que esa corriente despreciable que hoy parece invadir todos los ámbitos de nuestra sociedad, que consiente y fomenta el embrutecimiento y la vulgaridad, también ha llegado a las Carreras de Caballos de Sanlúcar y los responsables de la Sociedad Organizadora lo han permitido.

Y así, en unos pocos años, hemos pasado de tener un programa con muchas carreras reservadas a jinetes aficionados y una escala de peso en las abiertas que empezaba en 56 kilos, a tener simplemente cinco carreras reservadas a nosotros y una escala que comienza en 52 kilos en las carreras de profesionales, lo que nos da pocas opciones a participar en ellas.

La Sociedad Organizadora ha contribuido con ello a que esa tendencia, que viene auspiciada por la política y que consiste en aniquilar los valores del trabajo, del mérito y del esfuerzo, contamine nuestro hipódromo marino.

A consecuencia de ello ya no acuden esas familias de aficionados que elevaban el listón de la tradición sanluqueña y los efectos no han tardado en presentarse: después de años de participación razonable, hemos visto este verano campos de cuatro y cinco caballos con lamentable frecuencia. Al eliminar buen número de nuestras carreras, nuestros miembros que, como demuestra la estadística, son la auténtica cantera de futuros gestores del Turf, propietarios, criadores, preparadores, etc., han perdido interés por Sanlúcar en detrimento del espectáculo y de otros intereses de la población.
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