Otros reportajes
Última actualización 01/10/2005@00:00:00 GMT+1
Continuamos con el examen de las principales lesiones que afectan a los caballos de deporte de élite. En este caso las que padecen los caballos empleados en el Turf, un animal que se entrena desde muy pequeño, lo cual a la larga puede pasar factura. El carpo o ‘rodilla’, el menudillo y los tendones y ligamentos de la caña, así como los cascos son sus puntos débiles, veamos como prevenirlas
Nuestro siguiente estudio se basa en las lesiones en el caballo de carreras al galope y en su raza por excelencia: el Pura Sangre Inglés. En primer lugar, hay que tener en cuenta una serie de particularidades derivadas de su manejo y vida deportiva que les predisponen a sufrir unas lesiones sustancialmente distintas a las que ya hemos visto. Entre ellas destaca que son animales de desarrollo y crecimiento precoz, pero más precoz aún es el inicio de su doma y entrenamiento, que suele comenzar alrededor de los dos años de edad, cuando el animal aún no ha completado su crecimiento y su aparato locomotor está todavía inmaduro para soportar los grandes esfuerzos que se les exigen en las carreras y en los entrenamientos; las zonas que más tensiones sufren son el carpo o ‘rodilla’, el menudillo y los tendones y ligamentos de la caña, a lo que hay que unir una predisposición a padecer lesiones en el casco debido a la frecuencia de los herrajes.
Lesiones en los cascos
Las lesiones son las mismas que puede sufrir cualquier caballo: clavaduras, abscesos, clavos arrimados o ensaucados, contusiones... Pero se producen con una mayor frecuencia y, probablemente mayor trascendencia, en este tipo de caballos, que ya de por sí tienen unos cascos pequeños y no de muy buena calidad, a lo que hay que sumarle el continuo estrés contra el suelo de las pistas y que están condenados a ser herrados muchas veces en su vida, debido a que las herraduras con las que entrenan no son las mismas con las que compiten, se cambian antes de la carrera por unas mucho más ligeras, ya que con frecuencia sufren alcances que arrancan alguna herradura, lo que puede dañar el casco y además obliga a herrarlos de nuevo. Los sucesivos herrajes van debilitando progresivamente los cascos (no olvidemos que el herraje es ‘un mal necesario’ que provoca ciertos problemas como la deshidratación del casco). Además, un mal herraje antes de una competición, que provoque molestias al caballo, puede impedir que el caballo participe, dando al traste con meses de preparación e ilusión.
Por todo lo dicho, los herradores deben ser especialmente cuidadosos y se debe prestar mucha atención a su correcta higiene y engrasado.
Fracturas de la falange distal (tejuelo, hueso de la uña o tercera falange)
Estas fracturas son relativamente frecuentes en los caballos de carreras, no así en los destinados a otros usos, en los que son raras (podrían verse en caballos de Concurso Completo). Están asociadas principalmente con las violentas contusiones que se producen contra el suelo al galopar a toda velocidad, especialmente sobre pistas duras; son favorecidas por otros factores, como son el escaso grosor de palma que suelen tener estos caballos, lo que hace que el tejuelo se encuentre muy próximo al suelo, con la existencia de fracturas anteriores (aunque estén ya curadas), con una hiperextensión excesiva de la articulación en la fase de propulsión y/o con infosura crónica, infecciones previas de la falange y deficiencias nutricionales; también se han descrito factores hereditarios, en vista de una mayor incidencia de estas fracturas en hijos de sementales que las padecieron.
Las fracturas pueden ser de varios tipos, dependiendo de la localización y la forma de la línea de fractura y pueden afectar o no a la articulación. Son mucho más frecuentes en las manos que en los pies y, en Estados Unidos, donde las carreras se realizan siempre a mano izquierda, se producen principalmente en la zona lateral de la falange izquierda y en la medial de la derecha.
El tratamiento y el pronóstico dependen del tipo de fractura, pudiéndose en algunos casos recuperar con éxito al animal para las competiciones, mientras que en otros sólo se consigue salvar su vida. Para el diagnóstico es imprescindible completar un buen examen físico con uno radiológico. El tratamiento puede ser conservador, el más habitual, basado principalmente en el reposo y la inmovilización de la fractura mediante el empleo de unas herraduras especiales que impiden la expansión del casco, o quirúrgico, mediante la colocación de tornillos de fijación interna.
Fracturas de la falange proximal (primera falange o cuartilla)
Suelen producirse en el transcurso de la carrera, principalmente debido a las fuertes compresiones que sufre el hueso en cada apoyo, junto con una rotación lateral asincrónica entre la cuartilla y el hueso de la caña que se produce al realizar los giros a toda velocidad, favorecida por el empleo de ramplones, que fijan rápidamente al suelo el pie y falanges, de forma que la rotación de la caña es mayor y más brusca, produciéndose así la fractura.
De igual forma que en el caso anterior, pueden ser de varios tipos, dependiendo de ello su pronóstico y tratamiento.
Un tipo especial de fracturas bastante frecuentes en las extremidades anteriores de estos caballos son las fracturas osteocondrales, chips o de ratón de la primera falange en la articulación del menudillo. Consiste en el desprendimiento de pequeños fragmentos de hueso y/o de cartílago, principalmente en la cara anterior de la primera falange y dentro de la articulación del menudillo. Se producen durante la carrera debido a los violentos choques al apoyar el pie en el suelo y la sobreextensión de la articulación del menudillo. La cojera que producen es de bajo grado, mucho menor que en fracturas de otro tipo, pudiendo incluso no ocasionarla y ser hallazgos ocasionales cuando se realizan radiografías por otros motivos. El pronóstico es bastante bueno, especialmente si se extraen los fragmentos por vía artroscópica.
Fracturas de los huesos sesamoideos proximales
Los sesamoideos proximales son dos pequeños huesecillos situados en la cara posterior del menudillo que permiten que los tendones cambien allí de dirección y donde se ancla el ligamento suspensor. Estas fracturas son frecuentes en los caballos de carreras debido a que soportan una excesiva fuerza de tensión, especialmente al final de la carrera, cuando los músculos flexores digitales que soportan el menudillo están fatigados, o debido a golpes directos (si el menudillo golpea contra el suelo o si es alcanzado por los miembros posteriores). En los potrillos jóvenes (de menos de dos meses) que galopan hasta el agotamiento junto a sus madres también es relativamente frecuente esta lesión. El tratamiento depende del tipo de fractura y de si se pretende que el caballo vuelva a las competiciones o si simplemente va a ser utilizado como reproductor; puede ser conservador, basado principalmente en la inmovilización de la zona y el reposo prolongado en el box, o quirúrgico, normalmente el empleado cuando se quiere que el caballo continúe con su vida deportiva.
Sesamoiditis
Consiste en la inflamación de uno o de ambos huesos sesamoideos, que produce dolor y, por tanto, cojera, habitualmente de poca intensidad. Normalmente se produce debido a un esfuerzo inusual en el menudillo. El tratamiento va dirigido a reducir la inflamación; el periodo de reposo va seguido de otro de ejercicio controlado, ya que es frecuente que la lesión vuelva a aparecer.
Ruptura traumática del aparato suspensor
Es una lesión catastrófica que ocurre durante la carrera, sin que sea necesaria la existencia de una alteración previa. Se debe a una sobreextensión extrema del menudillo y, como resultado, éste pierde su soporte. A menudo se recomienda la eutanasia por razones humanitarias, ya que pueden llegar incluso a sufrir necrosis del casco. El tratamiento se reserva para aquellos animales con alto valor sentimental o como reproductores, pero nunca recuperarán una marcha normal.
Sobrecañas o periostitis metacarpiana dorsal
Son lesiones típicas de caballos de carreras jóvenes, consiste en la inflamación del hueso y del periostio (tejido especializado que recubre todos los huesos) en la parte anterior de la caña, normalmente de los miembros anteriores. Puede llegar a fracturarse. Se produce fundamentalmente por entrenamientos demasiado intensos en animales inmaduros, en los que el metacarpo (hueso de la caña) es menos rígido, y, por tanto, sufre mayor estrés y fatiga. También influye en su aparición una pista dura o irregular, deficiencias nutricionales, un jinete muy pesado o un caballo demasiado gordo al inicio del entrenamiento. Es frecuente y característica la aparición sobre la caña de un abultamiento visible externamente y, a menudo doloroso a la presión. El tratamiento consiste en un periodo de reposo y en la aplicación de agua fría y analgésicos y antiinflamatorios locales y/o sistémicos. El reposo no debe ser muy prolongado (5 – 10 días) porque con él disminuye aún más la resistencia del hueso. El retorno a la actividad debe ser gradual y muy controlado, para que el hueso se vaya fortaleciendo poco a poco. Las lesiones crónicas son más difíciles de tratar y el reposo debe ser más prolongado.
La prevención mediante un entrenamiento racional y en buenas condiciones es el mejor método para evitar estas lesiones.
Tendinitis de los tendones flexores
Mucho más frecuente en el tendón flexor digital superficial y en los miembros anteriores, generalmente debido a un excesivo esfuerzo o estiramiento del tendón. Las lesiones pueden variar desde un pequeño desgarro hasta la completa ruptura del tendón. Las consideraciones, tratamiento y pronóstico ya se han abordado al hablar de los caballos de Salto.
Fracturas intraarticulares del carpo (chips)
El carpo o ‘rodilla’ es la articulación que con más frecuencia se fractura en los caballos de carreras, está formado por siete huesecillos distribuidos en dos hileras. Las fracturas se producen durante la carrera debido a la suma de los violentos y repetidos choques de las extremidades contra el suelo y de las sobreextensiones que sufre el carpo en la primera fase del apoyo. En el mecanismo de lesión influyen factores como fatiga, velocidad extrema, suelo en mal estado, ángulo inadecuado de las pistas, malas conformaciones, malos herrajes, animales inmaduros (es una lesión frecuente en caballos jóvenes).
Generalmente se fracturan pequeños fragmentos de hueso y/o de cartílago articular, que pueden quedar sueltos y flotan libremente por la articulación o quedan anclados a su lugar de origen. También pueden producirse fracturas más extensas de los huesos carpianos, pero las más comunes son las anteriores.
La intensidad de la cojera depende de la extensión y la localización de la fractura, del tiempo que lleve y del nivel de enfermedad articular degenerativa presente. En general, los caballos con pequeñas fracturas articulares recientes muestran mínimos signos de claudicación; en los que tienen fracturas más crónicas, estos signos son de mínimos a moderados. La extracción quirúrgica por vía artroscópica de los fragmentos es el tratamiento de elección para la mayoría de los casos, especialmente si se pretende que regresen a las carreras.
Osteocondrosis dissecans
Es una de las denominadas enfermedades ortopédicas del desarrollo, afecta a las articulaciones y se caracteriza por un fallo en la formación de hueso y cartílago que conduce a la destrucción de éste último, que muchas veces queda separado del hueso y libre dentro de la articulación, produciendo inflamación y dolor. No se conocen las causas exactas que lo provocan, pero sí muchos de los factores implicados (es un proceso de etiología multifactorial), entre los que destacan la sobrealimentación, con dietas muy ricas en energía (especialmente si va acompañada de baja tasa de ejercicio), dietas con desequilibrios minerales y razas con elevado tamaño corporal y alta tasa de crecimiento; también se ha descrito una predisposición genética.
Es un proceso que afecta con frecuencia a potros PSI de entre nueve meses y dos años, ya que son animales de crecimiento precoz a los que se suele sobrealimentar para incentivar aún más su desarrollo.
Las articulaciones más afectadas son las de la babilla, el hombro y el tarso. Su tratamiento y pronóstico depende mucho de la localización y la extensión de la lesión; en algunos casos puede resolverse con un largo periodo de reposo, en otros será necesaria la extracción artroscópica de los fragmentos, mientras que, en otros, la vida deportiva del potro estará seriamente comprometida.
Problemas de dorso
Motivados principalmente por la temprana edad a la que comienza su doma y entrenamiento, que obliga a un dorso inmaduro a realizar grandes esfuerzos y a soportar el peso del jinete.