Hemeroteca :: 01/10/2005
3/26
Opinión/Firmas

Pie a tierra

Fernando ESCRIBANO
Última actualización 01/10/2005@00:00:00 GMT+1
Todo va tan rápido que en menos de un siglo el ser humano ha modificado sus pautas de comportamiento casi por completo. La vida en las ciudades ha hecho que se desprenda de gran parte de una conciencia ancestral que le vincula al medio natural. En buena medida su necesidad de escapar cada fin de semana al ámbito rural responde a un intento por recuperar esa conciencia perdida, la llamada del instinto para sentirse, al menos durante algunas horas, no ya uno más en la escala biológica, sino el rey de la creación. Pero, envuelto en esa confusión y tal vez como demostración de poder frente el reino animal va dejando tras su paso una amarga estela de degradación.

En cada salida al campo a caballo, es cada vez más frecuente encontrarse con “las huellas” del hombre en forma de plásticos e infinidad de materiales no biodegradables como lavadoras, sillones y muebles de todo tipo. Parece como si el “hombre desnaturalizado” necesitara rodearse de residuos de “civilización” para hallarse bien.

Por mi parte, guardo como un tesoro el recuerdo de los paseos a caballo en otoño escuchando a cada paso el inconfundible sonido de los cascos sobre un manto de hojas secas. Al atardecer, los últimos rayos de sol inundaban de magia el instante en el que un limpio, fresco y suave viento anunciaba la hora de volver a las cuadras… Por desgracia, tengo la impresión de que en un futuro no muy lejano será difícil percibir este tipo de sensaciones. Y es que mi acendrado optimismo debe sucumbir ante el proceso de autodestrucción que el ser humano ha puesto en marcha.

En España, desde los años ochenta y demostrada la incapacidad para competir con Europa en el terreno industrial y agropecuario, se nos ha ido inculcando la idea de que el principal activo económico que poseíamos residía en el atractivo turístico y el valor ecológico de nuestra geografía, pero mucho me temo que en poco tiempo la desertización va a acabar con el paraíso natural que deberíamos ser. Cada verano los incendios devoran más y más superficie verde asolando bosques y cuanta vida encuentran a su paso. Me pregunto cuánto nos quedará para que, realmente, África empiece en los Pirineos.

Y lo peor es que por ahí fuera las cosas no andan mucho mejor. De nada sirven las efemérides de Hiroshima y Nagasaki, de nada las buenas intenciones de los acuerdos de Kyoto, de nada las advertencias y las denuncias de Greenpeace…
Lamentablemente, creo que el hombre ha renunciado al único instinto que no puede permitirse el lujo de perder: el de supervivencia.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (0)   No(0)
3/26
Comparte esta noticia  

Comenta esta noticia



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de TrofeoCaballo.com, web oficial de la revista Trofeo Caballo, todo sobre el mundo del caballo
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
  • Su dirección de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.