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Última actualización 01/09/2005@00:00:00 GMT+1
Iniciamos un estudio de las diferentes
y más frecuentes lesiones de los caballos
de deporte de élite. Comenzamos por el Salto, en el que las principales dolencias afectan a tendones, cascos y dorso. He aquí todo lo
que hay que saber y, lo más importante, cómo frenar el proceso
Los caballos de deporte están sometidos a un entrenamiento muy diferente al del resto de caballos. Los caballos de deporte tienen unas exigencias funcionales y un desgaste mucho mayor que los caballos de recreo. Son atletas de élite y como tales tienen que estar al cien por cien para poder sobrellevar con éxito su vida deportiva. No es difícil imaginar que los principales problemas de estos animales sean los derivados de alteraciones de su aparato locomotor, que acarrean la aparición de cojeras. Entendemos por cojera o claudicación la manifestación de cualquier alteración estructural o funcional de uno o más miembros o del dorso observable durante la locomoción o la estación. Pueden estar causadas por traumatismos, anomalías congénitas o adquiridas, infecciones, alteraciones metabólicas (circulatorias o nerviosas) y cualquier combinación de las anteriores.
Un caballo de élite lesionado pierde todo su valor (exceptuando el valor como reproductor si es que es posible). También hay que tener en cuenta que determinadas alteraciones músculoesqueléticas pueden ser aceptables para una disciplina y/o un nivel, pero no para otra. Pero además, cuando hablamos de caballos de alta competición no basta con que “no esté cojo”, sino que esté en un “estado de salud integral”. Existen numerosas alteraciones orgánicas que no cursan con cojeras, pero que provocan disminuciones en el rendimiento deportivo de los caballos que las padecen (úlceras gástricas, sufridas por más del 60 por ciento de los caballos de competición, debido al estrés y al régimen de manejo artificial al que se ven sometidos; enfermedades respiratorias, alteraciones hepáticas...).
Es importante que el veterinario sea conocedor de la disciplina en que participa el caballo que trata. Por otra parte, hay que mencionar la importancia de la prevención, que puede determinar la aparición o no de un problema. Es obvio que el régimen de manejo, la alimentación y el plan de entrenamiento (unido al tipo de suelo en que se trabaja al animal) serán claves para la salud del caballo.
Es necesario resaltar la importancia de la conformación del caballo y del herraje que se utilice. En cuanto a la conformación, podemos decir que no es frecuente observar en las pistas de alta competición caballos con conformaciones y aplomados pésimos, pues sufren una especie de “selección natural” y no llegan a alcanzar esos niveles, bien porque se lesionan por el camino, o bien porque no son lo suficientemente brillantes. Siempre que exista un defecto de aplomo se produce un desequilibrio en el reparto del peso corporal, por lo que unas zonas se ven sometidas a mayores presiones de lo normal, por lo que a la larga aparecerán cojeras. Es aquí donde el herrador juega un papel fundamental, pues mediante los herrajes correctivos se puede recuperar el equilibrio perdido y prevenir así la aparición de lesiones relacionadas con los defectos de aplomo. En aquellos caballos con aplomos correctos también es muy importante cuidar el herraje, que deberá respetar por completo dichos aplomos naturales; pues no olvidemos que el herraje es un “mal necesario”, ( ¡acuérdense de lo molesto que es ir con un calzado que hace daño, e imagínense que pesan 600 kilos y que además tienen que correr y saltar durante por lo menos una hora cada día con ese calzado!) . Tampoco hay que olvidar aspectos como la higiene y engrasado del casco y el correcto intervalo entre herrajes. Los animales que compiten regularmente deben herrarse cada cuatro o cinco semanas.
Vamos a comenzar una revisión de las lesiones más frecuentes en los caballos dedicados a las distintas disciplinas ecuestres. Comenzaremos por la disciplina de Salto. En líneas generales, la incidencia de cojeras es mayor en las extremidades anteriores (alrededor de un 70%), pues son las que soportan el 65% del peso corporal, mientras que las posteriores son las encargadas de la propulsión. En las extremidades anteriores, la mayoría de las lesiones se producen del carpo o “rodilla” hacia abajo, mientras que, en las posteriores, el grueso de las lesiones se localizan en el corvejón y en la babilla (verdadera rodilla).
Los caballos de Salto reciben y absorben grandes impactos contra el suelo al caer de cada obstáculo, por lo que predominan las lesiones en sus miembros anteriores, concretamente en menudillo, falanges y navicular. También tienen que realizar grandes esfuerzos con los posteriores para impulsarse en cada batida, con lo que se observan con frecuencia lesiones en la babilla y los corvejones. Veamos algunas lesiones:
Síndrome del navicular, podotrocleosis, (dolor crónico de los talones)
Con estas denominaciones se conoce a una afección cuyas causas exactas no están todavía completamente esclarecidas y que es la responsable de un tercio de las claudicaciones crónicas del miembro anterior. Se trata de una enfermedad no infecciosa, progresiva y degenerativa de la tróclea del pie (aparato compuesto por el hueso navicular, junto con su bolsa sinovial y el conjunto de ligamentos que lo anclan a la primera falange o tejuelo y a la segunda falange). Como ya se ha dicho, produce una cojera crónica, intermitente, que mejora con el reposo, pero vuelve a aparecer tras varias sesiones de trabajo. Normalmente están afectadas ambas extremidades anteriores (aunque la cojera puede ser evidente sólo en una de ellas). El grado de dicha cojera es muy variable, puede ser muy intensa, o puede manifestarse simplemente como un andar corto y rígido, ya que evitan hiperextender la articulación del casco. Lo más frecuente es que la claudicación comience de forma muy sutil. Como ya anticipamos, las causas no son bien conocidas. Lo más aceptado hoy día es que tiene un origen biomecánico, debido fundamentalmente a una mala conformación y a desequilibrios del pie que van provocando su degeneración progresiva. El proceso se ve favorecido por factores como un elevado peso corporal del caballo, trabajo sobre suelos duros o malos herrajes.
El caballo de Salto es un excelente candidato a padecerlo, pues al recibirse de cada salto sufren continuamente contusiones contra el suelo.
El diagnóstico fundamentalmente se establece por el examen clínico, complementado por imágenes radiológicas. En cuanto al tratamiento, existen bastantes posibilidades, que dependerán de cada caso concreto. En general, la terapéutica consiste en periodos variables de reposo, rebajados y herrados correctores, fármacos para mejorar el flujo sanguíneo, antiinflamatorios y agentes para evitar o frenar los cambios degenerativos articulares. También existen tratamientos quirúrgicos mucho más agresivos, que se reservan para aquellos casos que no responden a los tratamientos médicos, pero su eficacia de cara a la recuperación funcional del caballo es dudosa.
Osteoartrosis o enfermedad articular degenerativa de la articulación interfalangiana distal
La osteoartrosis es un conjunto de alteraciones en el cartílago articular que conducen a su deterioro progresivo, acompañado de cambios en el hueso y en los tejidos blandos de la articulación afectada. Se observará dolor y disfunción de dicha articulación, que conducirán a la aparición de una cojera (aunque el grado de claudicación y la severidad de los cambios degenerativos no tienen relación lineal). Puede afectar a cualquier articulación y su origen puede ser primario o secundario (cuando se produce como consecuencia de otra alteración conocida).
En el caso de los caballos de Salto es frecuente encontrar osteoartrosis en la articulación del casco o de la uña, una articulación muy poco móvil pero que soporta una gran carga (incrementada al caer de cada salto). Su origen puede radicar en las continuas contusiones contra el suelo o ser consecuencia de fracturas en la apófisis extensora del tejuelo o de exóstosis falangianas, que dan lugar a las llamadas sobremanos bajas.
Referente al tratamiento, es tarea del veterinario evaluar cada caso concreto y establecer el más adecuado. En general se basan en herrajes correctores y administración de antiinflamatorios y sustancias condroprotectoras por vía sistémica y/o intraarticular. Como última medida se puede realizar una neurectomía digital palmar (consistente en la sección de los nervios de esa zona) que aliviará las molestias del animal y permitirá su uso limitado. Esta práctica no es en absoluto recomendable, ya que pierden toda la sensibilidad del pie.
Tendinitis de los tendones flexores y desmitis del ligamento suspensor
Consideraremos de forma conjunta la tendinitis de ambos tendones flexores (superficial y profundo) junto con las lesiones en sus ligamentos accesorios (brida radial y brida carpiana respectivamente) y en el ligamento suspensor (que en realidad se trata del tendón modificado del músculo interóseo tercero, por lo que su función y su comportamiento biopatológico es similar al de los tendones). Estas lesiones son sufridas con mucha frecuencia por todos los caballos de deporte y constituyen una de las causas más comunes de cojera (el tipo de lesión y su localización está relacionado con la edad y la disciplina). Normalmente se deben a un esfuerzo físico excesivo que, como siempre, se ve agravado con una mala conformación del animal. En el caso de los caballos de Salto, las tendinitis más frecuentes son las del tendón flexor digital superficial y de la brida carpiana. Las peculiares características del tejido tendinoso y de su problemática cicatrización (el nuevo tejido que sustituye al lesionado no tiene las mismas propiedades físicas que el tendón sano, en cuanto a elasticidad y resistencia) hacen que sea muy importante su detección precoz y la instauración de las medidas oportunas. El diagnóstico se fundamenta en un buen examen físico y ecográfico. El tratamiento depende del tendón afectado y de la fase en la que se encuentre, siendo vital la adaptación del herraje y del nivel de actividad física del animal a la evolución de la lesión.
Esparaván u osteoartrosis de las articulaciones del tarso
El tarso o corvejón es el origen más frecuente de cojeras en las extremidades posteriores de los caballos de deporte. Está formado por seis pequeños huesos distribuidos en tres hileras, de manera que engloba cuatro articulaciones: tarsotibial, intertarsiana proximal, intertarsiana distal y tarsometatarsiana, siendo estas dos últimas las que normalmente resultan afectadas. Se produce una degeneración de estas articulaciones, que se ven afectadas por osteoartrosis y periostitis, signos que son observables radiográficamente en grado variable y no siempre relacionados con la intensidad de la cojera. Puede diagnosticarse también un esparaván oculto o ciego, con las mismas características clínicas que la osteoartrosis, pero sin evidencias físicas o radiográficas. Se cree que la compresión y rotación repetida de los huesos tarsianos y la excesiva y continua tensión sobre los ligamentos son factores importantes para el desarrollo de la enfermedad. En los caballos de Salto es un problema relativamente frecuente, pues trabajan rutinariamente con los tarsos en flexión. Como norma general, la cojera remite cuando las articulaciones distales se anquilosan (se sueldan), por lo que el tratamiento va dirigido a favorecer esta situación y a controlar el dolor. Para ello se basa principalmente en controlar el ejercicio, herrados correctores y medicaciones generales e intraarticulares. El pronóstico es siempre reservado y dependerá de la respuesta al tratamiento de cada individuo en particular.
Problemas de dorso
El dorso o columna toracolumbar es el origen de importantes descensos en el rendimiento deportivo de muchos caballos que no manifiestan cojera evidente. Es el elemento que conecta las cuatro extremidades del caballo y donde se asienta el peso del jinete. Una entidad muy compleja en la que están implicados numerosos factores. A menudo resulta complicado diagnosticar el tipo de lesión y su causa, ya que intervienen factores como el programa de entrenamiento, la técnica del jinete, la silla utilizada, la conformación del caballo, el herraje y la existencia de otros problemas (casi todas las claudicaciones, principalmente las de los posteriores, terminan ocasionando problemas de dorso). También hay lesiones que aparecen de forma repentina por un trauma directo, un estiramiento excesivo, un movimiento muy brusco, una mala batida o caída de un salto... Las lesiones pueden residir en los tejidos blandos o en las vértebras. En los caballos de Salto pueden producirse alteraciones del dorso además por un excesivo número de competiciones que no permiten que el animal se reponga entre una y otra o por una mala técnica en el salto. Las lesiones más frecuentes derivadas de su actividad son las contracturas musculares y las distensiones musculoligamentosas. Un caballo con problemas en el dorso no trabajará bien, las molestias le impedirán relajar y estirar la musculatura dorsal, se mostrará rígido y con el tranco acortado. Hay que considerar también muchos puntos de cara al tratamiento. Se debe intentar determinar y eliminar la causa, para ello se analizarán el programa de entrenamiento, la silla utilizada, jinete, herraje... El tratamiento en sí depende del tipo de lesión y su causa se basa en períodos de reposo y ejercicio controlado, a veces administración de antiinflamatorios y analgésicos. Las terapias físicas y “alternativas” ( acupuntura, homeopatía, fisioterapia con calor, ultrasonidos, ondas de choque, natación, masajes, osteopatía, hidroterapia, etc) son especialmente útiles en estos procesos, siempre en manos de profesionales expertos.