Hemeroteca :: 01/08/2005
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Última actualización 01/08/2005@00:00:00 GMT+1
Los rejoneadores jerezanos Luis y Antonio Domecq nos abren las puertas de Los Alburejos para mostrar las marcas del brutal ataque que costó la vida a seis de los doce caballos hace ahora cuatro años, cuando volvían de torear de la madrileña feria de San Isidro
Dos de junio de 2001. Los espectaculares caballos toreros de los hermanos jerezanos Luis y Antonio Domecq habían escrito una gran tarde de toros. El peso de un apellido que está lleno de grandes figuras del toreo a caballo y la sincronización entre ambos rejoneadores convierten el toreo a caballo de estos hermanos en un espectáculo único. En el restaurante Los Amigos, situado en la carretera de Andalucía, conocen desde hace años a los cuidadores de los caballos jerezanos. De pronto una explosión estremeció los cuerpos del chófer de la góndola y su ayudante. Un ruido ensordecedor puso fin a la cena. Fuera el espectáculo era dantesco: el camión ya había comenzado a arder con doce caballos toreros dentro. Dos de los caballos murieron prácticamente en el acto (se desplomaron mientras los evacuaban de la góndola), debido a las graves quemaduras y a la importante inhalación de humo; otros cuatro perecieron poco a poco en el Hospital Veterinario de Madrid, y los otros seis sobrevivieron como pudieron al lamentable accidente que acabó temporalmente con las carreras profesionales de estos rejoneadores.

De esto hace cuatro años pero en Los Alburejos no olvidan por supuesto lo ocurrido. “Sólo queremos que haya una sentencia, más que nada por los caballos, porque han sufrido mucho, muchísimo”, apuntan Antonio y Luis Domecq, que nos han recibido para recordar lo sucedido. “El fuego no lo vieron porque estaba a sus espaldas. De ser así, no podríamos ni encender un mechero delante de sus caras. Sin embargo, aún se estremecen cuando oyen un ruido fuerte”, señala Antonio Domecq mientras pasea a ‘Nebli’, el más castigado físicamente, que sufrió quemaduras en prácticamente todo el cuerpo (incluido los genitales). Todavía hoy su propietario le aplica diferentes pomadas en el dorso, pues la fricción de la montura y el sudor comprometen seriamente el nacimiento del pelo en esta parte de su cuerpo. ‘Nebli’ era probablemente el caballo más bello de la cuadra, una belleza brutalmente destrozada en junio de 2001.

Al camión de Los Alburejos siguen subiendo ‘Marqués’ y ‘Airoso’, dos caballos de Luis que no se quemaron prácticamente; otro ‘Airoso’, que arrastra dificultades respiratorias por la traqueotomía que hubo que practicarle, pues no podía apenas respirar por las quemaduras y la importante inhalación de humos y gases; y ‘Óleo’ y ‘Talismán’, dos monturas de Antonio que tienen cicatrices en cara y cuello.

Reconstrucción de los hechos
La noticia del tremendo ataque que sufrieron los caballos de los hermanos jerezanos no tardó en circular por las redacciones de los medios de comunicación de todo el país, que la eligieron para abrir portadas de periódicos y telediarios. La Unidad Central Operativa de la Guardia Civil fue inmediatamente movilizada para comenzar una investigación sin precedentes llamada Operación Góndola. El ajuste de cuentas fue el móvil que se barajó a priori pero pronto se destruyó esta tesis y comenzó a pesar la envidia, la competencia en el cerrado mundo del toro. Pero la tesis se tambaleaba. Antonio y Luis Domecq son grandes figuras del toreo que ocupaban y ocupan la primera línea del escalafón taurino, un estrecho marco en el que muy pocos rejoneadores se reparten el pastel.

La Guardia Civil fue atando cabos. La investigación revela que el ataque había sido cometido por unos sicarios colombianos, entre ellos un menor de edad. Esa misma noche se registra en un hospital cercano la entrada de un joven de nacionalidad colombiana que presentaba quemaduras en cara y manos. ¿Quién estaba detrás de esto? Una nota de prensa enviada por la Guardia Civil a todos los medios de comunicación apuntaba que estos sicarios “habían sido inducidos por el padre de un rejoneador madrileño de segunda fila con el fin de eliminar competencia”. Y, lo más sorprendente: que fue un error. En realidad el plan estaba diseñado para acabar con los caballos de Sergio Galán. ¿Cómo llega la UCO a esta conclusión? Muy fácil: este grupo de vándalos había sido sorprendido días antes del ataque merodeando en los alrededores de la finca de Sergio Galán. Un familiar de este rejoneador avisó al cuartelillo cercano y así se identificaron.

En fin, por error o intencionado, lo que los Domecq tienen claro es que quieren una sentencia y ya es bastante improbable que el caso se archive, tal y como ha solicitado en repetidas ocasiones la defensa, pues consideran que no hay pruebas para imputar a sus clientes. La fase de instrucción está a punto de concluir. Una vez acabada, el caso será competencia del Juzgado de lo Penal de Ocaña, donde si todo marcha como espera la acusación (los Domecq) se celebrará el juicio oral.

Un caso insólito
¿Por qué la Justicia está empeñada en seguir adelante con este caso? Por tres motivos principales. En primer lugar, por lo insólito del suceso. El ataque que sufrió la cuadra de los hermanos Domecq en junio de 2001 puso de manifiesto lo que todo el mundo
intuía: la envidia y la rivalidad existente en el cerrado mundo del toro.

En segundo lugar, por la crueldad. La forma tan salvaje en la que perecieron seis de los doce caballos de Luis y Antonio Domecq será un punto de bastante relevancia a la hora de dictar una sentencia justa. Y por último, el peso del apellido Domecq. Luis y Antonio Domecq son sobrinos y nietos de grandes figuras del toreo. Todo esto unido al empeño del fiscal y la juez del caso en seguir adelante con el procedimiento judicial y de los hermanos Domecq, que no van a escatimar en honorarios judiciales, hace que ya sea inevitable ver ocupado el banquillo de los acusados del Juzgado de lo Penal de Ocaña.
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