Hemeroteca :: 01/07/2005
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Turismo ecuestre
Última actualización 01/07/2005@00:00:00 GMT+1
Celebramos
el cuarto centenario de Don Quijote de la mejor
forma que conocemos: a lomos de un caballo. Así fue la ruta ecuestre del hidalgo caballero manchego
Tras tiempo de abandono de la actividad del turismo ecuestre Luis y Jorge, del Centro de Educación Ambiental ‘La Dehesa’ en Riópar (Albacete), han reiniciado a petición de un grupo de caballistas mallorquines la organización de una ruta de varios días de duración, con una novedad importante respecto de las anteriores ocasiones, en las que generalmente se transitaban las alturas cársticas del llamado Calar del Mundo para unir las localidades de Riópar y Yeste, ambas en la Sierra del Segura; en esta ocasión y por vez primera la ruta solicitada viajaba fuera del paisaje serrano, en el que Luis y Jorge se mueven con naturalidad y soltura: conocen los caminos, veredas y cañadas por los que todavía hoy las caballerías pueden viajar, y decimos bien viajar porque el turismo ecuestre es un modo más de viajar, diferente pero uno más, y en el que tan importante como el lugar de destino son los diferentes espacios por los que la ruta pasea antes de la consecución de la meta. Es un viajar antiguo, lento y despacioso, en el que lo importante es el viaje, y es, además, un modo auténtico y real de redescubrir antiguos modos de vida, entroncando así directamente el turismo ecuestre con el verdadero turismo rural: en él se disfruta y se vive el campo, se huele, se siente y se saborea.

Pero volvamos a nuestra ruta, el reto: abandonar la sierra y adentrarse en las tierras llanas, salir de las Sierras de Alcaraz y del Segura y caminar la comarca de Campos de Montiel, camino de la ‘Ruta de Don Quijote’, ambicioso proyecto del gobierno castellano-manchego, en conmemoración del IV centenario de la publicación de la obra más universal de la literatura española, y del cual esta pequeña aunque significativa experiencia puede ser una muestra. Aquel, imaginado con el objeto de crear un corredor que pretende convertirse en el itinerario ecoturístico-cultural más importante de Europa, conecta más de 130 municipios, con valores artístico-monumentales, históricos y de la cultura tradicional, y otros tantos espacios naturales protegidos de Castilla-La Mancha mediante 1500 kilómetros de rutas de ecoturismo, de uso prioritario para viandantes, ciclistas o caballistas y mediante la recuperación de un importante patrimonio en desuso: vías pecuarias, caminos históricos... Todo ello con el atractivo añadido de caminar las tierras que de la mano de Cervantes se convirtieron en territorios literarios y que hoy merece la pena volver a visitar.

Naturaleza y gastronomía
El primer día, toma de contacto con los caballos y qué mejor modo que visitando con ellos el singular paraje natural del Nacimiento del río Mundo, unos 80 metros de caída libre de agua que antes ocupó los entresijos de la montaña de roca caliza que corona el Calar del Mundo, acuífero natural del río del mismo nombre que nace de tan espectacular manera.

Esta noche, así como la anterior, se descansa en el alojamiento que el Centro de Educación Ambiental ‘La Dehesa’ tiene en Riópar, cabañas de acogedor ambiente rústico que se integran de modo natural en el entorno y que forman parte de una completa infraestructura turística en la que destaca el itinerario de naturaleza, instalación novedosa que trata de imbuir a quienes la visitan un espíritu conservacionista y de respeto hacia los espacios naturales.

El segundo día se inicia el camino que nos llevará finalmente hasta Ruidera, ya en la provincia de Ciudad Real. Una barbacoa en los pinares del arroyo de la Fuenfría, en un área recreativa, nos permite estirar las piernas, y ayuda a los caballos a reponer fuerzas tras una dura subida desde el valle de Riópar, por el antiguo camino de herradura que pasa por el cortijo de La Limonera hasta lo alto del Calar del Malojar. Después de comer, un agradable paseo nos conduce a Paterna del Madera, en el extremo más septentrional de la Sierra del Segura; destaca su inigualable enclave, rodeado de pinares, encinares y una magnífica vega de árboles frutales. El hotel, el Mirador de Francho, en el que se descansa esta noche, permite desde sus abuhardilladas estancias contemplar y disfrutar del entorno.

Recorrido con historia
La tercera jornada, en la que la lluvia hace acto de presencia, de forma copiosa y acompañada además de bajas temperaturas, nos acerca a Vianos, localidad con un particular emplazamiento, al borde mismo de un escarpado y alto desnivel que la dotan de unas vistas excepcionales de las llanuras que en breve vamos a recorrer. Esta noche se pernocta en pleno centro histórico de la monumental ciudad de Alcaraz; no debemos dejar de visitar su plaza mayor, de ambiente señorial y carácter clasicista y las dos torres paralelas, gemelas, que presiden el conjunto arquitectónico, una eclesiástica y una civil, una la de la iglesia de la Trinidad, de la que recibe su nombre, y otra la del Tardón o del Reloj, que debe su nombre, según cuentan, a la inexactitud de los toques horarios que daba su campana, una pieza del siglo XV que aún se conserva.

Si ya en el medievo, y tras su conquista por Alfonso VIII en 1213, Alcaraz sirvió de avanzadilla a la Corona de Castilla para alcanzar los reinos de Murcia y Granada, nos sirve ahora de punto de inflexión entre la agreste montaña y la extensa llanura.

El cuarto día, en el que también una copiosa lluvia acompaña la jornada, la ruta atraviesa, camino de Villanueva de la Fuente, la finca de El Palomar, gracias al consentimiento de Samuel Flores, dueño de una de las ganaderías de reses bravas más prestigiosas de nuestro país. La finca, rodeada de sierras abruptas y riscos quebrados, monte espeso, pastos y agricultura, es asimismo un área cinegética privilegiada en la que conviven la mayor parte de las especies ibéricas del arte venatorio: venados, corzos, cabras hispánicas, muflones, jabalíes... Aunque sin duda la reina pobladora de los montes de la finca es la reina de la caza menor, la perdiz, que con una gran densidad y especial calidad cinegética presenta medias superiores a 1.000 perdices por jornada.

En busca de las llanuras manchegas
Dos caballos se descalzan -hay tramos del camino en muy malas condiciones, debido a la gran cantidad de agua caída este día y los anteriores- y se ha de finalizar no en Viveros como estaba previsto sino en Villanueva de la Fuente, donde se llega ya tarde a comer. En poco tiempo se ha de improvisar alojamiento para los 16 caballos y para los otros tantos caballeros, así como anular lo dispuesto ya en Viveros en cuanto a alojamiento, cena y desayuno del día siguiente. Salvo a quienes organizan, a nadie le importa demasiado. La jornada ha sido realmente dura, tanto por la duración de ésta como por las adversas condiciones meteorológicas que la han acompañado, aunque pocas veces se tiene la oportunidad de atravesar a caballo una finca de tan extraordinaria riqueza en cuanto a la calidad y cantidad de los pastos, la variedad faunística y el alto nivel de los trofeos de caza que en ella se hallan.

Al día siguiente el herrador prepara a los caballos a primera hora y la ruta continúa. A mediodía, y gracias a la tregua que concede la lluvia, se come en el campo, en un merendero junto a la ermita de Pinilla, notable conjunto constructivo de los siglos XVII y XVIII, con bellas bóvedas barrocas de decoración geométrica hacia la cabecera y un interesante artesonado mudéjar. Hemos entrado ya en el amplio término municipal de El Bonillo, en el que destacan amplias llanuras que se constituyen en hábitat ideal de diferentes especies de aves esteparias, entre las que destaca la avutarda, así como un extraordinario y extenso sabinar. En Ossa de Montiel los caballos descansan en la finca Santa Rita, de propiedad privada, y en la que para su tránsito y uso la organización debe recurrir una vez más a la amabilidad y hospitalidad de sus dueños y trabajadores. Los caballistas hacen lo propio en el Hostal La Paz, en el núcleo urbano de la población.

Como decía don Quijote...

El último día el destino es Ruidera, y para llegar nada mejor que un paseo a caballo por uno de los espacios húmedos más extensos de Castilla-La Mancha, junto con las Tablas de Daimiel, las Lagunas de Ruidera. Visita obligada merece la Cueva de Montesinos, donde don Quijote pudo contemplar “un real y suntuoso palacio o alcázar” y conocer al mismísimo Montesinos “de quien la cueva toma nombre” quien le da cuenta de cómo Merlín, “aquel francés encantador que dicen que fue hijo del diablo”, le encantó a él y a otros muchos y muchas que ahora moran en la cueva; “solamente faltan -le explicó Montesinos a don Quijote- Ruidera y sus hijas y sobrinas, las cuales llorando, por compasión que debió tener Merlín dellas, las convirtió en otras tantas lagunas”; también le habló de cómo el escudero de Durandarte, Guadiana, “fue convertido en un río llamado de su mesmo nombre”, y de otras muchas e interesantísimas cosas que en el libro de Cervantes se encuentran. También en esta jornada tendremos ocasión de contemplar los restos del legendario castillo de Rochafrida.

Las Lagunas de Ruidera no son exactamente lagunas, sino pequeños lagos, puesto que sus aguas son profundas, transparentes y corrientes. Son 15 y forman un continuo tramo fluvial de 35 kilómetros, en el que salvan un desnivel de 120 metros de altura; engarzadas por cascadas, fuentes naturales y flujos subterráneos, están talladas en la roca caliza, travertina, y suelen tener forma elíptica o circular. En ellas conviven infinidad de especies de flora y fauna.

La experiencia deja un buen sabor de boca en todos, los que venían de fuera y los que les recibieron y trataron de guiarles en su andadura por la serranía y las llanuras manchegas, lo cual según cuentan, Luis, Emilio, Rafa..., no siempre fue fácil, pero sí mereció la pena.

Esta ruta que aquí contamos y que os invitamos a realizar de la mano de Luis y Jorge conecta dos espacios naturales castellano-manchegos de indudable valor natural, en los que el agua es protagonista, en una región en la que esta no abunda. Además destaca por la presencia en ella de otros muchos valores de carácter cultural, histórico-artístico, gastronómico, etc. que la hacen merecedora de ser conocida y revisitada.
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