Temas de Doma

¿Cómo elegir un Semental?


Hoy no hay reglas infalibles sobre la cría, pero con lo que sí contamos es con un índice de probabilidades que nos acerca o aleja del ca­non, porque a pesar de que cada cruce no deja de ser una aventura, el éxito, el fracaso o, lo más usual, la mediocridad son medidas que decide el ganadero. En la cría del PSI, por ejemplo, sólo se sigue un criterio, y sólo uno, el caballo más rápido con la yegua más rápida. Y esto va, implacablemente, estruc­turando morfológica y deportivamente las cualidades de la cría de la raza. Esto es así porque se parte de un objetivo, conseguir el caballo más rápido posible. En el ámbito de nuestras razas ibéricas, sin embargo, la di­versidad de criterios, la falta de objetivos, los intereses de algunos de los ganaderos con más peso, nos hace, cuanto menos, diferentes y nos aleja de la excelencia.

1) Crear un plan de cría

Hay que establecer un objetivo, y, después, procu­rar los medios y soportes a nuestro alcance que nos acerquen a ese objetivo o imagen mental de caballo ideal morfológica y funcionalmente. En el ámbito de la Doma Clásica de nuestras razas ibéricas, es claro, que nuestras exigencias habrán de ser principalmente fun­cionales, no perdiendo de vista a medio – largo plazo, los criterios raciales como la belleza y la raza.

Buscamos deportistas con una alzada en torno a 165 cm, para que llenen suficientemente la pista, tres aires básicos buenos, con libertad de espaldas, fuerza, elasticidad natural, y, sobre todo, buen carácter y pre­disposición hacia las solicitudes del jinete. Contamos este último entre los criterios raciales que no había que perder.

El principal requisito para tener éxito en esta lí­nea de cría, es darse tiempo, plantearse al menos un proyecto a cinco generaciones, a veinte años. Pero son pocos los que aceptan en la práctica ese plazo inne­gociable.

Empeñarse en reunir todas las características óp­timas es poco realista. Es mejor tener la visión de ob­jetivos parciales que nos vayan acercando poco a poco los resultados, al canon perfecto. Hacer uso, como se­mental de, por ejemplo, un caballo que no tiene paso, que no tiene galope, aunque el trote goce de cierta bri­llantez por delante, no parece que debiera ser la línea a seguir. Debemos ser estrictos.

2) Analizar a la yegua

Debemos ser objetivos al contemplar a nuestra yegua en cuestión, y no dejarnos llevar por la pasión del propietario. Todo animal tiene sus puntos fuertes y débiles, y debemos ser conscientes de los mismos. Y averiguar de qué antepasados proceden los unos y los otros.

3) El mejor semental para nuestra yegua es aquel que mejor la complemente

El macho ideal no debe tener ninguno de los de­fectos de la yegua; lo mejor sería, naturalmente, dispo­ner de pruebas de que suele corregir esos defectos en la descendencia. Conviene, además, que tenga tantas de sus cualidades como sea posible. Y por fin, no debe aportar al plan de cría ningún defecto de considera­ción.

Examine personalmente algunos de los hijos del semental escogido. No olvide tampoco estudiar al me­nos algo sobre las yeguas con las que se ha apareado. Quizá consiga localizar un animal que haya sido cruza­do con una yegua de características parecidas a las de la suya; el resultado de esa operación es, por supuesto, valiosísimo.

4) Evaluar a los finalistas

Tras haber investigado es lógico pensar que habrá seleccionado entre tres o cuatro ejemplares en princi­pio óptimos para su plan de cría.

Vuelva a estudiarlos todos meticulosamente. Si le resulta imposible hacerlo personalmente, confeccione una lista con los puntos esenciales y encargue su com­probación a otra persona en la que tenga confianza. Si no se lleva muchos años como ganadero, un asesor en la yeguada nunca sobra.

Hay que comparar sus estructuras. Al principio es­to no dice mucho, pero hay que perseverar, porque se trata de un saber que sólo enseña la práctica.

Anote los resultados de las observaciones mientras las realiza o inmediatamente después.

Ficha técnica

Primero que nada confeccione una ficha del se­mental lo más completa posible, en la que se incluya, el ganadero, el año de nacimiento, su alzada real y su número actual de hijos y la posibilidad de acceder a su semen bien por monta natural, semen fresco o semen congelado, así como un dato también determinante en la decisión final, el precio de la cubrición. A continua­ción incluya una breve descripción del caballo basada más que en datos técnicos en la impresión que el se­mental causa cuando le ve, es aquí donde no hay que desdeñar la primera impresión.

Características

En este punto debemos analizar su morfología, sus aires, su carácter y, por último, un resumen de sus ras­gos más significativos. Es aquí donde también debe­mos incluir lo que opinen nuestros amigos o personas de confianza.

Las opiniones de otras personas hay que sopesar­las con algún cuidado. La competencia entre los servi­cios de cría es intensa y no hay que esperar alabanzas de los propietarios de otros sementales. Sin embargo, cuando se escucha el mismo comentario a unas cuan­tas personas merece la pena comprobarlo. Los dueños de yeguas que han usado el mismo semental constituyen una buena fuente de información. Infórmese de las características dominantes, de la yegua en cuestión.

a)Temperamento. Observe el comportamiento en distintos ambientes. ¿Es comunicativo, nervioso o tí­mido? ¿Como reacciona ante los desconocidos, ante otros caballos y ante su jinete, relincha en la pista?

b) Estructura. ¿Es un animal sólido, musculoso y con buenos huesos? ¿ Es un verdadero semental en apariencia o tiene aspecto de hembra o de capado?.