Yeguada LA PERLA

MÁS QUE UNA CAPA

“Un animal bello, si se mueve, es dos veces bello. Pero, para conseguirlo, se requieren conocimientos técnicos que solo se van adquiriendo a medida que sabes, y conoces de verdad, el trasfondo de ser ganadero de caballos.”

“Me siento contento con mis animales, todos llaman la atención por su belleza, pero ahora quiero dar un paso más y seleccionar entre ellos a los que mejor se muevan, a los más fuertes y resistentes, a los más elásticos. Y como yo no soy un experto busco asesoramiento profesional en aquellos que creo que son capaces y que pueden com­partir mi visión.”

Alberto Herranz

Esta yeguada es un reflejo de lo que los clientes y aficionados al mundo del caballo realmente quieren y esperan de él. Comparado con el animal destinado al deporte de la Doma Clásica por ejemplo, con sus cientos de normas y reglamentos, los caballos de capa perla, baya, albina y alazán son quizá de los pocos que parecen elegir por ellos mismos quie­nes serán sus propietarios; entre ellos no hay muchas normas, tan solo la belleza en su estado puro y en el caso de Alberto Herranz la búsqueda, a partir de ella, de cierta funcionalidad básica en los tres aires; que sean animales que tengan paso, trote y galope, algo que puede parecer elemental, que lo es, pero que incluso en el ámbito del deporte es posible no encontrar. Para criar este tipo de caballos hace falta mucha afición, un gusto desmedido por contemplar a estos animales en libertad, corriendo por el campo, como fue desde niño el caso de Alberto, que los miraba y soñaba con el día en el que pudiera tener algunos suyos y reunidos en una ganadería que llevara su nombre. La Perla.

Lo que aquel niño no podía saber era que dentro del mundo del caballo, en la raza de pura sangre lu­sitana, dedicada durante años a criar caballos bravos y valientes, ágiles y nobles para el rejoneo, había un grupo de ganaderos que tenían su misma visión. Se necesitaba la belleza de los animales de las capas de la Yeguada La Perla para llenar una plaza, para que la gente se levantara en vítores y pañoladas ante la ele­gancia de bailar con el toro. Años después, nos cuen­ta Alberto, esta visión se materializaría. Su ganadería la haría con los Pura Sangre Lusitanos, una raza que como el mismo dice es “muy nuestra”, muy española, pese al nombre.
Sin embargo criar en La Perla no es una tarea fácil, hay que cruzar partiendo de distintos pelajes y discri­minando los animales que no se mueven. Porque cada vez más el cliente sabe lo que quiere, y hoy día la Doma Clásica va llamando a casi todas las puertas. Ahora el cliente quiere que el caballo sea también para sus hijos y que lo puedan concursar y que por encima de todo quede bien y que se gane. La funcionalidad, poco a po­co, atrae a la morfología también entre los criadores de caballos de capa perla, baya, albina y alazán.

La finca
Salimos de Madrid en dirección Segovia, la Yegua­da La Perla se encuentra a unos 100 km de Madrid y a unos 20 km de Segovia capital. El paisaje es atractivo, a medida que nos adentramos en la serranía segovia­na las tonalidades se vuelven más quemadas, beige, marrón, rojizo, colores perla. Los pueblos se integran perfectamente en el paisaje, campos y casas se funden también en colores. Los pueblos por los que pasamos son cuidados, pequeños, acogedores, apetece parar y tomarse un cochinillo en uno de los asadores varios que hay por la zona.
La finca “Mata Rosueros” es, en su mayor parte, prado y monte bajo, con una extensa y variada fau­na cinegética, que configuran un bello paraje y hábitat idóneo para el desarrollo en libertad de las nue­vas crías. Lo que suele saltar al ojo cuando llegamos a Mata Rosueros son las aproximadamente 60 yeguas de vientre, todas de capa perla, baya, albina o alazán que están pastando en la orilla de un pequeño lago. Se les ve felices