¿Entrenar a mi caballo?
II. El establecimiento de objetivos
•La relación con nuestro caballo
•El modelo técnico o “puesta en mano”
Como vimos en el número anterior, enfrentarnos al entrenamiento de nuestro propio caballo supone asumir ciertas responsabilidades frente a su trabajo, no tan sólo en el día a día, sino también con una visión a medio y largo plazo.
El logro de resultados depende, en gran medida, de las características de la relación con nuestro socio y compañero.
Formación
El análisis de nuestro nivel de experiencia y él de las características de nuestro caballo nos ayu¬darán a establecer los planes a seguir. En los casos en los que nos sintamos poco preparados para actuar como “entrenadores” de nuestro caballo (sentimiento muy habitual), los objetivos de¬berían apuntar a nuestra propia mejora.Así, debemos tomar decisiones que nos ayuden a perfeccionar -lo antes posible- nuestro conocimiento sobre las claves del comportamiento equino; las tácti¬cas adecuadas para lograr una mayor colaboración de nuestro caballo; nuestro asiento y colocación sobre la montura, y ciertas mejoras en la técnica que seamos capaces de aplicar.Pese a ello, en muchos casos, nos veremos aboca¬dos de forma irremediable a asumir ese difícil papel de “entrenadores” ya que, queramos o no, la relación habitual con nuestro caballo nos convierte en el ele¬mento externo más presente en su vida, haciendo depender el futuro de nuestro proyecto de equitación conjunto de la oportunidad de las actuaciones y deci¬siones que llevemos a cabo a lo largo de cada sesión de entrenamiento.Son diversas las áreas en las que necesitaremos analizar las carencias o necesidades de nuestro caba¬llo y será para cada una de ellas para las que debe¬remos establecer el punto de partida, los objetivos a conseguir con un plazo estimado para ello y la progra¬mación de actividades que creamos adecuada para la consecución de esos objetivos.
Intentaré dar un repaso general a las más impor¬tantes teniendo en cuenta que, ya sea por ignorancia, falta de conocimiento o poca reflexión al respecto, los entrenadores cometemos, a veces, el grave error de no tener en cuenta alguna o varias de ellas.Las citaré por el orden en el que, en mi opinión, re¬querirían mayor atención (a); por la trascendencia de las consecuencias que conlleva la falta de reflexión so¬bre ellas (b) ; y por la facilidad con la que al ignorarse, se cometen graves “errores de diagnóstico” al analizar el comportamiento final de los caballos.La relación con nuestro caballoEn todos los deportes de equipo se cuida la rela¬ción con los compañeros. El logro de resultados en la competición o de las diversas satisfacciones que el ca¬ballo nos puede ofrecer en el terreno técnico o lúdico de la equitación “amateur” dependen, en gran medida, de las características de la relación con nuestro socio y compañero.No hace muchos años, un gran amigo me trasmitía sus inquietudes a este respecto. Durante una conver¬sación mantenida con un entrenador profesional ex¬perto en el adiestramiento de perros guía para ciegos y perros policía, éste le comentaba: “....Nosotros establecemos una estrecha relación personal con los perros, son nuestros amigos y com¬pañeros, para ellos el trabajo es juego y la recompensa emocional funciona perfectamente ... ¿Por cierto Pe¬dro, y vosotros , cómo hacéis para motivar a los caba¬llos a que hagan todo lo que les enseñáis...?”Mi amigo, tras unos segundos de reflexión, recurrió al tópico del azucarillo y cambió de tema.Es verdad que los perros no son caballos, pero no por ello deberíamos obviar la necesidad de analizar qué dosis de motivación brindamos a nuestros caballos para que se sigan esforzando en darnos los objetivos que les marcamos.
Luis Lucio
Entrenador y Jínete Olímpico
Fotos: topiberian.com
