¿Entrenar a mi caballo?

I. La planificación como clave

No podemos olvidar que, aún de forma involuntaria, cada vez que mon­tamos a nuestro caballo nos convertimos en su “entrenador personal”. A la hora de establecer los objetivos de las sesiones a lo largo del año deberemos primero, programar contenidos de tipo general para de for­ma progresiva llegar a contenidos más específicos.

Aprendizaje del jinete y entrenamiento de su caballo

De forma habitual, los aficionados a la Doma pres­tamos una gran atención al aprendizaje de la técnica de la equitación y más específicamente, a los conte­nidos relacionados con la disciplina que amamos y practicamos, la Doma Clásica. No obstante, y a pesar de nuestra motivación por aprender, los practicantes de esta modalidad nos enfrentamos a un aprendizaje técnico, largo y confuso. Largo, porque asimilar todos los contenidos teóricos y prácticos exigirá un periodo de aprendizaje prolongado en el tiempo, hablamos sin duda de años de dedicación.

Y confuso, porque durante ese aprendizaje nos en­contraremos ante muchas situaciones de compromi­so técnico en las que no sabremos exactamente cuál es la dificultad a superar, no entenderemos por qué nos es tan difícil hacerlo, y dudaremos de cuáles son los instrumentos adecuados para lograrlo.
Si en esta encrucijada tenemos la suerte de contar con el asesoramiento de un entrenador experto, los problemas tardarán menos en resolverse, pero aún con su ayuda, deberemos desarrollar un esfuerzo im­portante en la asimilación de los nuevos contenidos
y en el perfeccionamiento en nuestra comunicación con el caballo, tanto en la técnica que apliquemos como en la faceta táctico-decisional de nuestras ac­tuaciones.
Si, tal y como hemos visto, nuestra faceta de jinete nos ofrece suficientes dificultades como para mante­nernos “entretenidos” en el tiempo, no podemos ol­vidar que, aún de forma involuntaria, cada vez que montamos a nuestro caballo nos convertimos en su “entrenador personal”.
La influencia que ejercemos sobre el día a día de nuestro caballo es enorme y, sin duda, su desarro­llo físico, técnico-coordinativo y emocional en el futuro, dependerá enormemente de nuestras actua­ciones a lo largo de cada sesión de entrenamiento realizada.
Desde este punto de vista, deberíamos asumir que, además de nuestro propio desarrollo como jinetes, tenemos una gran responsabilidad por nuestra actuación como entrenadores y como con­secuencia el compromiso ineludible de formarnos para tan compleja y delicada labor.


La planificación, contenidos generales y específicos
Como hemos visto en el párrafo anterior, queramos o no, nos hemos convertido en entrenadores de nues­tro caballo.
Por ello debemos realizar una planificación de nuestra actividad en el tiempo y una programación de los objetivos y contenidos de las futuras sesiones a realizar.
El punto de partida debería analizar dos variables con objetivos complementarios, el nivel de adiestra­miento de nuestro caballo y nuestra situación como jinetes frente a los compromisos técnicos que quera­mos alcanzar.
En nuestra especialidad una planificación anual parece adecuada ya que en ese plazo podemos esta­blecer los objetivos técnicos a conseguir con nuestro caballo y las posibles competiciones a las que acudir.
No será lo mismo planificar las actividades si tene­mos que llevar a un caballo joven de 4 o 5 años a un nivel superior que si de lo que se trata es de mejorar nuestra capacidad técnica de realizar nuevos ejerci­cios con un caballo ya experto.
En ambos casos planificar las actividades y pro­gramar las sesiones de entrenamiento requiere de una reflexión profunda.
A la hora de establecer los objetivos de las sesiones a lo largo del año deberemos primero, programar con­tenidos de tipo general para de forma progresiva llegar a contenidos más específicos.
Por ejemplo, si nuestro caballo joven inicia el año de sus 5 primaveras deberemos tener en cuenta que al final del periodo deberá ser capaz de enfrentarse a la dificultad de los cambios de pie con lo que una buena programación que incluya mejoras en el equilibrio del galope y el control de la actividad debería ponerse en marcha sin demora.
La mejora del equilibrio del galope y el control de la actividad serían el objetivo general mientras que la ejecución de los cambios de pie en el aire sería uno de los objetivos específicos a afrontar al final de nuestra planificación anual.
De igual manera, si nuestro caso es el de planifi­car una mejora de la técnica a aplicar como jinetes y nuestro objetivo es practicar la ejecución de la “espal­da adentro”, deberíamos mantener a nuestro caballo motivado a responder a nuestras demandas de avanzar con ejercicios que fomenten su respuesta e impulsión, variar la amplitud y “tempo” de los aires y realizar las suficientes transiciones a lo largo de las sesiones.
Una prematura, excesiva o reiterada demanda del ejercicio de “espalda adentro” iría en detrimento de la motivación y movilidad de nuestro caballo con lo que, nuestra práctica del ejercicio, acabaría deteriorando su nivel técnico y nuestro propio aprendizaje.
El mantenimiento y la mejora de la motivación para avanzar y el perfeccionamiento de los cambios de amplitud, “tempo” y aires serían nuestros objetivos de contenido general, mientras que la práctica en la eje­cución del ejercicio de espalda adentro representaría nuestro objetivo de contenido específico.

La planificación original y su seguimiento
Como hemos visto anteriormente, los contenidos y objetivos de las sesiones de entrenamiento deberían responder tanto al nivel técnico de partida del caballo y/o el jinete, como al periodo del año en el que nos en­contramos (al inicio o al final del ciclo anual).
Hemos de recordar que en entrenamiento deporti­vo no hay reglas fijas, y menos si hablamos del deporte hípico en el que se presentan interconectadas y de for­ma constante las dinámicas del caballo y el jinete.
Las actividades planificadas nos deberían marcar las pautas a seguir “a priori” pero, el análisis y valora­ción del proceso de adaptación del jinete y del caballo a las sesiones ya realizadas, deberán ser objeto de es­tudio profundo para variar, siempre que sea necesario, los planes preestablecidos.
Por ejemplo, si nuestro caballo joven presenta con­fusión a la hora de iniciar trayectorias de galope en trocado y reacciona cambiándose de pie o desunien­do el galope de forma inmediata, deberíamos dedicar más tiempo al afianzamiento del galope en firme, con trayectorias menos complejas, clarificando las ayudas básicas y evitando aumentar en exceso la presión para mantener el galope original.
Vemos pues, que a pesar de la necesidad de una planificación de las actividades y del diseño de los ob­jetivos y contenidos a desarrollar en las sesiones de entrenamiento, la información que el jinete recibe día a día en su trabajo con el caballo, debería ser el verda­dero “timón” que remodele o incluso varíe los planes establecidos originalmente.
Un buen jinete y entrenador, si fuera necesario, debería ser capaz de reformular la estrategia de su ac­tuación cada día.