Los perros, aliados de los caballos en las faenas camperas
El tándem perfecto. Los mejores ayudantes para el vaquero en sus labores cotidianas
Texto: Laura Águeda
Fotos: Luis Alonso
Sin duda, difícil tarea sería para el pastor de
vacas cuidar, guardar, manejar y conducir
el ganado, manso o bravo, sin la presencia y
colaboración de estos dos animales, el perro
y el caballo. Ambos han de ser adiestrados o domados, según el caso, para esta compleja tarea, y en la medida de lo posible siendo todavía cachorros o potros: cuanto antes pierdan el miedo a la vaca o al toro bravo mejor. Resulta también importante que desde los primeros meses de vida el cachorro conviva con los caballos, frecuente las cuadras y se familiarice con su entorno y su rutina. De aquí en adelante todo será sencillo y natural: cada cual ocupará su lugar y se establecerá una relación que perdurará ya toda la vida, y en la que el jinete-vaquero y amo del caballo y del perro cumplirá una función esencial de mediador entre ambos y de dador de órdenes que uno y otro ejecutarán sin rechistar. Aunque el modo de transmisión de estas a uno y otro será bien diferente: la posición del cuerpo del jinete, las ayudas de piernas y manos, y la voz sirven para mandar al caballo enseñado la acción que ha de ejecutar.
El perro correrá, permanecerá inmóvil o caminará al lado del jinete según se lo indique este desde lo alto de la cabalgadura -a este modo de mandato deberá acostumbrarse el perro, que no siempre reconocerá la figura de la autoridad en lo alto de una montura, a no ser que así lo haya percibido desde cachorro. Para mandar al perro usaremos la voz, las señas, el silbido, más efectivo y potente que la voz humana, o incluso la posición de la cabalgadura que puede dar en ocasiones indicaciones, por ejemplo de la dirección en la que se ha de arrear el ganado.
El perro trabajador.
Aunque en la sociedad actual la principal razón de ser del perro es la de hacer compañía al hombre, a su amo, no siempre fue así. Desde que el primer can fue domesticado tuvo una tarea asignada: la guardia del hogar, la caza o el cuidado de los rebaños, funciones básicas y consustanciales a su existencia junto al ser humano. Además, es un hecho constatado que nunca es más feliz un perro que cuando se siente útil; y es por ello que, cuando se le asigna una tarea, trata de hacerla del mejor modo posible dentro de sus posibilidades.
Desde tiempo atrás, los perros han realizado trabajos en colaboración con ejemplares de la raza equina. Es el caso de los dálmatas y otras especies de similares características que allá por el 1800 fueron entrenados para correr junto a los caballos y los carruajes. Antes de la generalización del automóvil como medio de transporte, era habitual que los perros, dálmatas y otros, fueran adiestrados para correr detrás del coche de sus amos, carruajes o carrozas, en trayectos cortos. En un principio los perros debían proteger a sus amos de posibles asaltantes o de cualquier otro peligro que acechase a los viajeros; sin embargo, con el paso del tiempo estos animales se convirtieron en meros objetos de decoración que daban muestra del refinamiento de su amo. Por esta razón, razas de fuerte musculatura, proporciones armoniosas y porte elegante, y que gozaban de gran prestigio social como pointers o dálmatas fueron seleccionadas para esta tarea, sobre todo en la Inglaterra victoriana, donde estos perros se convirtieron en un accesorio de moda y en un símbolo de estatus social. Además, sobre todo los dálmatas, eran y son excelentes para combatir las ratas y las alimañas de las caballerizas.
