Rafael Peralta Pineda

El rejoneador de La Marisma


Texto: Álvaro Zayas
Fotos: Álvaro Zayas y archivo de la familia Peralta

Como he dicho varias veces, y no me canso de decirlo, este es un trabajo muy gratificante. Cuando eres ante todo aficionado a este mundo y te dan la oportunidad de conocer a los protagonistas de tus aficiones, dándote cuenta de cómo son en persona, de su amabilidad, de su cortesía y de su predisposición a fomentar el mundo del toro y del caballo, es entonces cuando te sientes orgulloso de pertenecer al mismo.

Y digo esto porque nuevamente he tenido la oportunidad de conocer a un grande, a uno de los mejores rejoneadores que ha dado la historia de la tauromaquia, a un gran caballista, un poeta y un artista, como es don Rafael Peralta Pineda Rafael nació, un 4 de junio de 1933, en la calle Larga nº 44 de la población sevillana de Puebla Río. Muy relacionado desde pequeño con el campo y La Marisma, habiéndose criado rodeado de toros y caballos, Rafael decidió seguir la estela de su hermano, el grandioso rejoneador don Ángel Peralta.

Una vez probada su valía en el campo, y tras comprobar su dominio con la montura, Rafael decide debutar el mismo día de su 24 cumpleaños en la serrana plaza de toros sevillana de Constantina, el 4 de junio de 1957. Ese día causó una gran impresión, demostrando que, aun siguiendo el estilo de su hermano, Rafael le daba un toque de distinción que el público valoraba mucho. Su lema era: “Rafael Peralta, único por ser diferente”.

Animado por el rotundo éxito, decide dos años después presentarse en Madrid en la feria de San Isidro, más concretamente el 30 de mayo de 1959 (en 2009 se han celebrado las bodas de oro de su alternativa). Aquello era, a efectos de antigüedad y por el antiguo reglamento, la alternativa, pasando a ser ya matador de toros. Aquella tarde, el rejoneador formó un “lio” gordo alternando en el cartel con Julio Aparicio, Manolo Vázquez y Curro Girón con toros de Sánchez Cobaleda. Pese a ese éxito, Rafael recuerda la dureza de aquellos tiempos, las caídas, las fracturas (en una ocasión llegó a temer por perder la pierna izquierda) y llegó a torear una corrida en Madrid completamente cojo, con la pierna escayolada. Luego, le pesó también, el tener que superar la sombra de su hermano Ángel, incluso pensó en tirar la toalla después de una corrida en Medina del Campo en 1958. Pero su casta torera le hizo recuperar la ilusión, cortando un rabo al día siguiente el la plaza de toros de Murcia y regalarnos con su toreo 44 temporadas interrumpidas, siendo el único caso de rejoneador tan longevo.

En el año 1972 llegó a actuar 112 tardes, cortando 363 orejas y 96 rabos. Recordar también que Rafael fue el primer rejoneador en cortar un rabo en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, durante un festival celebrado el 10 de enero de 1965.

Su toreo destacó por ser el primer rejoneador que pisaba los terrenos del toro, citaba de frente, al pitón contrario, cuando normalmente se clavaba al hilo del pitón, y salía con alegría, como era su toreo, un toreo alegre y espectacular pero sin salirse de los cánones.

Destacó también por ser uno de los mejores rejoneadores que ha puesto pares de banderillas a dos manos Pero sin duda, un momento muy importante de su carrera fue en la época de los setenta, cuando pasó a formar parte de aquel mítico cartel de “Los Cuatro Jinetes del Apoteosis”, completando el cuarteto don Álvaro Domecq Romero, su hermano don Ángel Peralta y el rejoneador portugués don José Samuel Pereira “Lupi”. Aquel cartel sentaría las bases del rejoneo profesional moderno y esa época sería reconocida como la “Edad de Oro del Toreo a Caballo”.