Boyeros
Texto y fotos: Elena Herranz
El ser humano en principio fue cazador y recolector;
con el paso de los años aprendió a ser ganadero
y agricultor y se torno sedentario. Tres mil años
antes de la Era Cristiana, en Mesopotamia, ya se
conocía el arte de uncir vacas y bueyes para arar o tirar
de carros. Desde entonces, y hasta hace muy pocos años,
la yunta ha sido compañera inseparable del hombre en
su trabajo agrícola.
La mecanización del campo trajo consigo la desaparición de este oficio, que ha día de hoy se mantiene de forma muy minoritaria en pequeñas explotaciones, generalmente de montaña, y para uso en Romerías, como es el caso de la de El Rocío. En este artículo hablaremos del arte de uncir bueyes y de unos boyeros de excepción, José Carlos y Lidia, que se han propuesto refrescar la memoria de uno de los oficios más antiguos de la humanidad. Al igual que el mundo de los arrieros, sobre los que esperamos hablar en breve, los boyeros has sido un colectivo cuya sabiduría ha pasado de padres a hijos. No hay nada escrito sobre sus técnicas y usos, por lo que a punto han estado de desaparecer.
Los boyeros, carreteros, yunteros o gañanes eran profesionales conocedores de esta técnica a los que antaño no les faltaba trabajo. Ellos y sus animales eran imprescindibles para realizar una de las faenas agrícolas más duras: arar la tierra. A pequeña escala, los agricultores minifundistas, también tenían una vaca o dos para realizar las faenas del campo. Esta vaca además de ser uncida para arar o tirar de un carro, paría un ternero, daba leche durante la lactancia y, llegado el día de un festejo o Romería, tiraba de una carreta. Tan necesario era tener animales de trabajo en las casas que quien tenía un mulo y una vaca los uncía juntos, como muestra la existencia de determinados yugos que son para mulo y vaca.
José Carlos Cubiles y su esposa, Lidia Escalante, son un joven matrimonio que, en la actualidad, dedican gran parte de su tiempo libre a uncir y domar vacas. El abuelo de José Carlos era uno de los gañanes de más reconocido prestigio de Montecorto, población situada entre la Sierra de Grazalema y Ronda. Con la mecanización del campo su oficio se perdió, y fue su nieto quien ha comenzado el camino de estudiar y conocer las técnicas que han de usarse para uncir bueyes o vacas. Lidia y José Carlos nos recibieron en Montecorto para ayudarnos a realizar este artículo. En su aprendizaje el matrimonio entró en contacto con José “Errante”, boyero de La Axarquía, zona malagueña en la que todavía queda un núcleo representativo de boyeros profesionales, que crían sus propias líneas de bueyes y vacas. Es característica de esta zona, que allí históricamente se han uncido toros por tradición. La selección llevada a cabo por estos criadores, que doman tanto vacas como toros, ha de ser buena, ya que se contrastan las aptitudes para el trabajo de ambos ejemplares.
