Alvaro Domecq Romero
La ilusión por bandera
Texto y fotos: Elena Herranz
Un buen amigo mío, gran apasionado de los
caballos, Guillermo García Palma, utiliza a
menudo una palabra que poca gente conoce:
la palabra “ecuestridad”. Dentro de tan
inusual vocablo se define el máximo exponente del
caballo desde la perspectiva ecuestre. A día de hoy la
“ecuestridad” es siempre remitida como de articulo de
lujo, por supuesto prescindible; pero hubo un tiempo
en que no era así y bajo su manto y al oír nombrarla
nos podíamos imaginar interminables destacamentos
de caballería de todos los ejércitos del mundo, cuadras
imperiales donde se criaban los mejores caballos,
escuelas de equitación militar y un sin fin de lugares
donde el caballo era indispensable para que el
progreso del hombre continuara paso a paso. A día
de hoy la palabra ecuestridad se rememora en pocos
momentos, tan solo cuando hablamos de las Escuelas
de Equitación clásica de Europa, cuando pensamos en
el academicismo de Escuela y tradición de nuestros
vecinos portugueses. Pero desde luego en España
cuando hablamos de Don Álvaro Domecq Romero
podemos hablar de ecuestridad.
Profeta fuera y dentro de su tierra, pero aún más
valorado más allá de nuestras fronteras, porque en nuestro
querido país de todos es bien sabido que nos recreamos
más en el triunfo foráneo que en el propio. Alvarito
Domecq es hijo de uno de los hombres más sobresalientes
que ha habido en nuestro país, Álvaro Domecq y Diez, que
destacó en todas y cada una de las facetas que realizó con
su gran pasión: los caballos. Pasión que su hijo heredó, hizo
suya e impregnó de su espíritu para realizar un proyecto
de vida; pero por ser hijo de tan brillante y polifacético
personaje no es fácil sobresalir.
Álvaro Domecq Romero ha cumplido 70 años, sigue
montando a caballo, realiza faenas camperas en las fincas de
la familia Domecq Romero tanto e Cádiz como en Portugal,
acosando y derribando, pero ante todo no ha perdido la
ilusión y es un hombre que mira al pasado con la misma
actitud que hacia el futuro, pues en ambos lados de su vida
ve los logros conseguidos y los que le quedan por conseguir.
Podríamos hablar de Álvaro Domecq como rejoneador
y tendríamos mucho que decir. También como jinete de
Doma Vaquera, es Campeón de España de una Doma
Vaquera pionera y emprendedora. También es Campeón de
España de Acoso y Derribo, amparado por el mayoral de la
ganaderia familiar, Juan Cid, en el año 1.999. Pero dentro de
su trayectoria hay una preocupación constante de difundir
la cultura del caballo de su tierra y sus ancestros que ha
caracterizado a Alvarito Domecq y que le diferencia. Durante
años ha trabajado siempre para ofrecer espectáculos al
mundo en los que el espectador disfrutara y entendiera el
mundo del caballo; y el respeto hacia este bello animal ha
sido uno de sus objetivos. En los caballos Don Álvaro busca
que sean artistas y poderosos, que trasmitan.
