Tentadero de Machos en El Carrascal

Texto y fotos: Carlos Núñez

La garrocha es una práctica que se encuentra enalza y son cada vez más los jinetes que disfrutande esta modalidad deportiva. De los tresconcursos que habitualmente se desarrollabana lo largo de la geografía española hemos pasado atener muchos concursos territoriales que le han dadoun notable impulso a este deporte.El verdadero punto de partida del Acoso y Derriboes el tentadero de machos, faena del campo bravodonde se practica el Acoso y Derribo de reses, siendoéste la causa y no el fin, pues al contario que en elconcurso de Acoso y Derribo la echada es el recursopara parar la veloz carrera de los becerros y no el fin dela obtención de un número de puntos.

En el tentaderoel objetivo es tentar.Al contrario del alza que está obteniendo el Acosoy Derribo como disciplina deportiva por parte de losaficionados, el tentadero de machos ha tenido un notableretroceso en lo que a número de tentaderos realizadosse refiere. Son ya escasamente unas 10 o 12 ganaderíaslas que lo siguen realizando, con lo cual difícilmente hayla misma proliferación de nuevos garrochistas que seincorporen a esta bella práctica campera.Para mí, que ya he visto unos cuantos de tentaderode machos en los últimos 15 años, fue una gransatisfacción ver debutar a un nuevo garrochista, en estabonita suerte, y aunque sea de una manera minoritaríano se pierda la esencia del verdadero deporte de lagarrocha y se siga realizando esta bonita faena delcampo bravo.Dicho acontecimiento ocurrió, como si de un regalode reyes se tratase, en la finca “El Carrascal”, lugarhabitual de los tentaderos de machos de la ganaderíade Torrestrella, sita en el término gaditano de Benalupde Sidonia, en la carretera que une esta poblacióncon Vejer de la Frontera, en la cual hay enclavadasdistintas ganaderías de bravos, casi todas ligadas alapellido Domecq.

El joven que debutaba, Isaac Camacho Domecq, lohe visto galopar a modo de juego, por las inmediacionesde los tentaderos de machos con sus primos yamigos mientras en un lugar alejado se realizaba lafaena. El tiempo pasa inexorablemente, aquel niñorubito montado en su caballo, es ya un joven dealtura considerable que, siguiendo la tradición desus mayores, iba a debutar como garrochista en eltentadero de machos, verdadera cátedra del deportedel Acoso y Derribo.La mañana en El Carrascal era muy fría, algunosde los garrochistas participantes en el tentaderovestían el tradicional marsellés para resguardarsedel helador frío que azotaba el corredero. Para tanmagno acontecimiento el ganadero había encerrado37 becerros, término con el que se designa a los eralescoloquialmente, de distintas capas y distintas hechuras,todos muy en el tipo de la ganadería de Torrestrella,abundando los burracos y los negros.El joven garrochista, al ser uno de los anfitriones,tuvo el honor y la responsabilidad de abrir eltentadero, así ante la atenta mirada de su tío Álvaro yacompañado por su otro tío Luís Domecq y amparadopor el “conoceor” de la casa, sacó su primer becerro enel que se mostró solvente.En este primer becerro se le notaron los nerviospropios del debut, pero a medida que el tentaderofue desarrollándose, fue soltándose, para terminarcuajando un muy notable tentadero que no olvidaráen su vida.

El joven garrochista que ha crecido bajala atenta mirada de su tío Alvarito, guarda ciertassimilitudes con él a la hora de ejecutar la suerte, pueslo mismo que el gran garrochista jerezano sube la manode la rienda, no necesitando aguantarse a la monturapara poder derribar a los becerros.El segundo garrochista de la mañana, es uno delos habituales tanto en los tentaderos de machoscomo en los concursos de Acoso y Derribo, el jerezanoCarlos Bohórquez Domecq, jinete ya curtido en lostentaderos de machos y amparado esta vez por el hijodel “conoceor” de la ganadería paterna. Su ejecuciónfue la correcta de un garrochista que conoce de sobrael oficio y maneja a la perfección las particularidadesde los tentaderos de machos.